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Este fin de semana BUMAYÉ ha llegado a los 500 seguidores en Facebook y a los 200 en Twitter. Estamos encantados con el apoyo y el cariño recibidos ya desde el primer día. Para la ocasión, charlamos con Emilio Ferrer y Gonzalo Cervelló, los compañeros que gestionan, día a día, la comunicación de BUMAYÉ en las redes sociales. Comparten con nosotros su visión del social media y nos explican como crearon, desde la nada, la atmósfera y la energía BUMAYÉ en las redes. ¡Aprovechamos para agradecer su dedicación y buen trabajo! Os dejamos con la entrevista. 

¿Cómo se ha ido desgranando la personalidad de BUMAYÉ durante toda su fase inicial, hasta llegar al lanzamiento de la web del proyecto?
Ha sido una construcción lenta y meditada sobre plano (un plano no muy detallista), añadiendo materiales poco a poco. Desde el principio se trazaron unas líneas de acción, sobre lo que debería y no debería ser su proyección en redes sociales. Algunas cosas funcionaron bien desde un primer momento y se quedaron como pautas a seguir, y otras se probaron sin pena ni gloria y acabaron descartadas.

¿Fue positivo hacerlo de este modo?
Sí, mucho. Siempre se parte de un plan, de un mapa de recorrido, pero hay que ser flexible al seguirlo, porque la ruta transcurre por sitios en los que no ha estado nadie antes. Es un proceso creativo en sí mismo. El retrato de la marca se hace cada vez más definido con el tiempo, más concreto, pero a priori no hay una imagen precisa de cómo va a ser.

¿Cómo se creó, en el caso de BUMAYÉ y desde cero, toda la iconografía y el amplio universo de conceptos?
Una premisa de partida fue la buena predisposición de Pere y Josep con todo el equipo, en confiar en la profesionalidad de cada persona implicada en las diferentes fases, desde el diseño del branding hasta el seguimiento de social media. El calendario de las fases ha sido muy prudente. Mientras BUMAYÉ se planificaba, se estructuraba y crecía en la trastienda, oculta a las miradas, la imagen de su espíritu se concretaba en público. Las dos estrategias fueron simultáneas: por un lado todo el soporte técnico, el físico del proyecto, y por otro todo el concepto, abstracto, de su filosofía. Cuando la web estaba lista, ambas cadenas se ensamblaron. Fue como meter el alma al robot.

¿Qué habéis aprendido, o por lo menos, que os ha sorprendido más en estos primeros meses de recorrido?
Las redes sociales son muy jóvenes, pero ya se les ve arrugas en la piel. Facebook, por ejemplo, ha pasado por muchas etapas en su corta vida. Antes la gente compartía cosas personales allí (hay una necesidad innata a hacerlo), pero desde que se ha generalizado la presencia comercial de la marcas en la red, la gente interactúa menos y se aburre más. Las empresas han desplazado a las personas. Lo más chulo de gestionar las redes de BUMAYÉ es proyectar una empresa como si fuera una persona y ver que sus contenidos se comparten porque los fans ven una afinidad emocional con ciertas cosas que publicamos. Esto solo es posible gracias a que BUMAYÉ tiene unos valores firmes a los que agarrarse. Es ideológicamente activa (cosa que las empresas evitan hacer, para no generar polémicas o arriesgarse a molestar a parte de su comunidad de seguidores) y puede manifestarse como una persona que piensa, no solo como una marca que quiere vendernos algo.

¿La gran prioridad es tener un buen número de seguidores?
Tener muchísimos seguidores es muy útil para ciertas personas y empresas. Hay una cuantificación del éxito en esa cifra. Si eres un gurú del marketing, por ejemplo, te interesará tener una audiencia muy nutrida que repita lo que dices, porque eso repercutirá directamente en tu prestigio. Por desgracia, casi todo el mundo piensa que cuanto más gente siga algo, mejor es la cosa que siguen. Como las series de televisión que dicen ser líderes de audiencia. Hay personas que quieren ver lo que todo el mundo está viendo. Pero en redes sociales, un seguidor activo, implicado en aquello que sigue y que participa, es mucho más valioso que docenas de otros seguidores que no hacen nada más que agrandar una cifra.

¿Hay que tener presencia en el mayor número posible de redes sociales?
Cada red tiene su propio lenguaje y sirve para cosas distintas. En general, hay objetivos comunes que pueden ser cumplidos en muchas de ellas, pero hay matices que las diferencian, como el modo de exponer contenidos o el público al que puedes acceder. No es necesario volcarse en todas si no se está capacitado para nutrir los perfiles de cada red social con material específico. Por ejemplo, si no generas contenidos multimedia no es necesario estar en Vimeo o tener canal en YouTube. Tampoco es bueno repetir los mismos comunicados en Twitter que en Facebook sin adaptarlos al modo en que la gente recibe la información.

Las redes sociales nos obligan a ser breves a la hora de escribir. ¿Hasta qué punto este hecho puede condicionar nuestro buen uso de la lengua?
Ser telegráfico es un desafío muy interesante, como la responsabilidad de redactar un titular de prensa que enganche y haga justicia al contenido de una noticia. Concretar una idea compleja en una frase corta es muy difícil, pero es posible. Se puede atajar al contar algo sin necesidad de partir las palabras en pedazos. La necesidad de abreviar, de ahorrar esfuerzo, es solo una premisa formal. En los mensajes de texto de los móviles, por ejemplo, se producen nuevos códigos de abreviación que alteran las palabras, pero no las ideas. La gente tiene prisa en contar algo y escribe saltándose letras y sin embargo, no intenta ser más concisa en lo que quiere contar. Pero eso no es lo peor. La lengua está para ser usada, para entendernos los unos con los otros, aunque cometamos aberraciones ortográficas. El problema no está en dar patadas al diccionario de la RAE, sino en no saber expresar una idea, o no saber identificarla cuando la lees.

En general, ¿los profesionales tienen conciencia de la importancia de una buena gestión de sus redes sociales?
Todo el mundo tiene perfil en Facebook y cree entender las reglas de funcionamiento. En realidad, no están muy equivocados, porque la mecánica de las redes sociales suele ser muy intuitiva. La principal diferencia entre un uso personal y un uso comercial está en que el individuo comunica sin estrategia, de un modo espontáneo y libre, mientras que las empresas no pueden permitirse ser irreflexivas. Los profesionales deben tener esto presente, y no siempre lo hacen. Esto lo vemos en los escándalos de los políticos que meten la pata en Twitter. Ellos se comportan como personas, pero en realidad son marcas públicas que deberían vigilar su comunicación de un modo global.

Un consejo a las start up que justo están empezando y tienen un presupuesto muy limitado para invertir en su fase inicial.
Trazar una estrategia clara en su comunicación a medio plazo, cómo desean presentarse al mundo y potenciar su singularidad. No es obligatorio tener perfil en todas las redes sociales ni que lo gestione un profesional. Ofrecer contenidos útiles a los seguidores, ser amable, o divertido, lo que esa start up sea de verdad. No intentar atribuirle una proyección que no se sustente en su realidad. No vender humo. Ser paciente. Poco a poco conseguirá que la gente se acerque voluntariamente y la siga con interés. Todo el mundo tiene su propio público ahí delante esperándole.

Una sugerencia a las grandes corporaciones.
Que sean flexibles y elásticas. El social media es muy reciente y todos estamos experimentando con él. No ha habido recorrido suficiente para establecer una metodología y la gente se inspira en las fórmulas que han resultado un éxito aquí o allá, sin vislumbrar en qué consiste su acierto. Las grandes corporaciones engloban el social media en sus estrategias de marketing habituales y les aplican los parámetros que conocen. Se equivocan. Deberían tirar a la basura todos sus manuales y métodos “know how’”, porque la comunicación social media es otra cosa que aún no conocemos bien.

Un cable a los creativos de nuestra comunidad.
La gente creativa está más predispuesta a apreciar las redes sociales como proyección de trabajos, incluso como soporte en sí mismo. Es comunicación, al fin y al cabo, y sería extraño que no se valieran de sus posibilidades de difusión. También pueden ser magníficos campos de experimentación. Creemos que lo más interesante en redes sociales no se ha hecho todavía.

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