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Jeffrey Frígula es nuevo en la comunidad BUMAYÉ y ya ha cumplido su primera misión: estar en el Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya y contárnoslo todo. Se graduó en 2008 en la escuela de cine ESCAC, en la especialidad de Dirección. Como proyecto final de carrera escribió y dirigió el cortometraje Distopía, obteniendo múltiples reconocimientos en festivales nacionales e internacionales. Jeffrey dejó huella con sus primeros trabajos para luego escaparse un tiempo a Canadá y volver hace unos meses con las pilas bien cargadas. Su ansia por lo mágico y lo irreal se ha visto bien saciada en Sitges. Terminado el festival, afronta con más fuerza que nunca nuevos retos profesionales de todo tipo. 

En los festivales de cine, ¿eres de los que se lo toman con cierta calma y sin sobredosis o de los que se marcan una maratón y terminan agotados?

Los festivales de cine los puedes vivir de mil formas distintas, en plan ‘escoge tu propia aventura’. Cada día puede ser diferente. Hay mil formas de disfrutar de un festival y todas tienen cabida. A veces tiro de estilete y voy a ver lo que no falla y resulta que me llevo una gran decepción que, por otra parte, se compensa con otra película que, sin esperarlo, topa conmigo en plena devoración fílmica. Personalmente, me dejo llevar un poco por el instinto y el azar. Es más excitante.

¿Qué película te ha sorprendido más entre todas las que has visto en el Sitges Film Festival?

Curiosamente y tratándose de un festival de terror / fantástico, me quedo con un par de películas bastante despegadas del género en su estado más puro. Réalité de Quentin Dupieux y Magical Girl de Carlos Vermut son, bajo mi punto de vista, las películas más destacables. La primera por su frescura al narrar de forma ágil y sencilla con un planteamiento a modo de historia metafílmica que se salta las normas de la racionalidad. En el caso de Magical Girl, por su manera tan propia y ya marca de la casa de Carlos Vermut, hablándonos de tú, a la cara, mirándonos fijamente a los ojos, mientras nos lleva muy poco a poco a su mundo, bajo sus reglas, para contarnos con susurros lo que no queremos oír.

Y hacia la recta final del festival aparecieron las dos joyas, ambas casualmente (y de formas muy pero que muy diferentes) transitando alrededor de un amor salvaje y corrompido. Alleluia de Fabrice du Welz y Over your dead body de Takashi Miike. La primera, de una radicalidad e intensidad brutales, con un estilo desatado y desinhibido propio de un inicio de carrera cinematográfica y en la que hay que destacar con  mayúsculas la interpretación de Lola Dueñas. Fuera de sí. Y en cuanto al film de Miike, tan sólo decir que la experiencia se filtra y destila en cada plano. Elegancia, poesía, dolor y terror por partes iguales.  Ambas obras dignas de reconocimiento que no llegó por parte del jurado. Pero creo que, sin duda, el tiempo las pondrá en su lugar.

sitges film festival

¿Alguna decepción importante, de ésas que duelen? 

La decepción llegó pronto. Fue la primera película que veía y que estaba en mi quiniela de pesos pesados. Se trata de The Babadook de Jennifer Kent, una cinta repetitiva, con cientos de agujeros en el guión y abarrotada de clichés sonoros y de puesta en escena. Una historia de ‘hombre del saco’, procedente de un libro infantil, en la misma casa de siempre y con los mismo sustos de siempre.

Pero si alguna película me decepcionó de verdad es Aux yeux des vivants de Alexandre Bustillo y Julien Maury, que en 2007 impactaron en Sitges y en todo el circuito de festivales de terror / fantástico del mundo con su opera prima À l’intérieur. Personalmente esperaba que con esta, su tercera película, recuperaran la frescura y implacabilidad que mostraron en su primer film y que se les escapó en su segunda película, Livide (2011). Pero ocurrió lo mismo, un guion débil que no salvan ni las imágenes sangrientas e impactantes propias de su cine ni su ritmo frenético. Empezaron con buen pie, pero ahora da la sensación de que tienen demasiada prisa por atrapar a sus grandes referentes, Rob Zombie o Alexandre Aja. Pero en el cine de horror, afortunadamente, no hay 3 sin 4.

En el cine de terror, ¿queda margen todavía para la sorpresa? 

Se podría decir que tal vez las herramientas propias del género poco a poco están caducando, hasta el punto de convertirse en clichés. Pero las historias terroríficas no se agotan, están en todas partes y a todas horas. Y absolutamente todos tenemos miedos, por lo tanto, mientras hay miedo hay esperanza.

Tu debilidad por el género fantástico queda plasmada en tu cortometraje Distopía, que marcó el punto de partida a tu carrera profesional. San Sebastián, Cannes… ¿Esperabas tanta repercusión?

Realmente no la esperaba, ni en ningún momento pensé en ello. Tan sólo me tomé el cortometraje como una oportunidad única para experimentar a mis anchas, arriesgarme y con la comodidad de poder equivocarme sabiendo que no iba a sufrir ninguna reprimenda por parte de nadie. Todo salió bien. Sigo sin trabajo…

¿Cómo fue la experiencia de trabajar para un grupo musical como La Bien Querida?

Era la segunda vez que trabajaba con Elefant Records y, de nuevo, tanto desde la discográfica como desde La Bien Querida, me dieron total libertad creativa. Una gozada. Lo único, que al tratarse del single de presentación del álbum, apareció ese espíritu maligno llamado fecha límite y/o calendario promocional…

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Se percibe un lado oscuro y mágico en tus creaciones, incluso en las no cinematográficas. ¿Tus pesadillas se han convertido en tu principal fuente de inspiración?

Aunque no quiera, sí. Lo he de admitir. Pero ya lo he asumido. En la inconsciencia soy más efectivo y profundo. Hay una dosis de magia y frescura que solo reside en ese país más allá de los párpados y que me cuesta encontrar a plena luz del día.

De un éxodo como el que viviste en Canadá, ¿uno se lleva más experiencias personales o profesionales?

En mi caso, lamentablemente sólo personales, que no está nada mal. Pero a la larga estas experiencias personales acaban marcando profundamente y con el tiempo aparecen de nuevo. Sé que las incorporaré en futuros proyectos profesionales. En realidad, ya lo he hecho.

A nivel audiovisual y en el ámbito profesional, ¿crees que se trata de un país que ofrece oportunidades fácilmente?

Ofrece muchísimas oportunidades en muchos campos del audiovisual si tienes 2.500 dólares para ser parte del sindicato. Aún así, nunca es fácil que confíen en ti como director de buenas a primeras.

De vuelta a Barcelona, ¿qué vibraciones te ha dado la ciudad y con qué ilusiones y proyectos afrontas tu retorno?

Mi vuelta ha sido un tanto gris y deprimente por cuestiones personales. Volver de Canadá y ver que todo seguía igual me desanimó. Pero regresé con la idea de afrontar de nuevo el reto de dedicarme 100% a lo que más me apasiona y en ello estoy. Ahora mismo con ilusión y un par de proyectos personales que me quitan el sueño.

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