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Después de un camino durísimo, en sentido metafórico y literal, Genís Rigol y Ferran Gassiot han conseguido hacer realidad un doble sueño post-adolescente: hacer una larga travesía en burro y dirigir un largometraje. Pero “Els bons homes van en burro” va más allá y refleja también el sueño de mucha otra gente, personas que se han cruzado por el camino y han querido expresar sus ansias por cambiar las cosas en el contexto de una sociedad injusta y en crisis. BUMAYÉ ha tenido oportunidad de dar apoyo a esta particular aventura, con destino al Parlamento Europeo, que Genís y Ferran nos relatan en la siguiente entrevista. 

La ruta en burro os ha permitido entrar en contacto con decenas de personas y tomar el pulso a habitantes de pueblos y ciudades. ¿Es más sencillo recoger quejas que propuestas? ¿A día de hoy, la gente ve el vaso medio lleno o medio vacío?

Ferran: Llevábamos 3 formularios: verde/quejas, rosa/deseos y amarillo/propuestas. Los colores se acabaron diluyendo, la gente lo que quiere es decir la suya. Nos sorprendió que al llegar a Bruselas habíamos recogido prácticamente el mismo número de propuestas que de quejas. Luego las leímos y nos dimos cuenta de que muchas propuestas eran quejas encubiertas. Menos de lo que nos habría gustado, las propuestas planteaban una alternativa pero… vaya, a nosotros también nos costaba imaginar alternativas, en parte por eso empezamos a preguntar.

¿La participación pública es la solución a todos nuestros males como sociedad?      

Genís: Está claro que si algo mejora será gracias a la participación pública. A estas alturas no significa nada que un sistema se denomine a sí mismo democrático. He oído la palabra democracia para justificar de todo, incluso la negativa del poder a que se ejerza. La han usado tanto y para justficar argumentos tan dispares que ya no significa nada. Su único valor es su inalterabilidad, ni se puede tocar ni se puede cuestionar, es como el aire. Porque en última instancia es lo que justifica lo que tenemos, nos recuerda que nosotros lo hemos elegido. Eso no es democracia, son las migajas de la democracia, es como la limosna esa cristiana que, apelando a los buenos sentimientos, lo que hace es perpetuar el status quo. La participación pública es de las pocas vías que se me ocurren, pero hay que tomársela en serio y la mayoría de gente no tiene tiempo, y no les culpo. Bastante tienen compaginando su vida laboral con su vida familiar.

¿Bruselas está demasiado lejos? ¿La información se pierde por el camino?

Genís: No está lejos físicamente pero sí simbólicamente. El armazón burocrático que supone esa institución desmotiva a cualquiera.

Ferran: Como dice Genís, físicamente no está tan lejos, pero cuando llegas a la puerta del Parlamento Europeo parece que cruzas la casa del terror. No sé si es por el edifcio, antiguo convento de las “Dames du Berlaymont”, por las sombras trajeadas o por las nubes que envuelven día y noche Bruselas. Nos llovió todos los días . Por suerte nuestras cartas no se mojaron y llegaron enteras a una estantería de la institución. Si allí se pierden o no, ya no lo sabemos. Supongo que por eso hemos hecho una película.

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¿Qué vibraciones os dio el Parlamento Europeo? ¿Cómo os recibieron?  

Genís: Es un sitio horrible y maravilloso a la vez. Algo así como un cementerio inca convertido en atracción para turistas. Todo el mundo era bastante guapo y parecía que se trabajaba de verdad. Lo cual asusta aún más porque le hace a uno darse cuenta de lo complicado que es todo (no solo cambiar las cosas, sino sobre todo hacer algo luego, cuando se consiga cambiar algo).

Ferran: Aparcamos nuestros burros en la entrada como quien aparca una bici. Nadie se inmutó, excepto un señor de seguridad de esos que “solo cumplen órdenes”. Una vez dentro, la verdad es que todo es mucho más amable, menos la sala de fumadores que está decorada con cuadros del Prestige y las playas gallegas cubiertas de chapapote.

Uno de los personajes afirma en un momento del film: “Lo importante es el camino”. ¿Es así también para vosotros, más importante el proceso creativo que la obra final?

Ferran: Como no sabíamos cómo nos recibirían en Bruselas, nos intentamos autoconvencer que lo importante era el camino. Y lo era. La idea de hacer un viaje en burro salió de nuestra post-adolescencia, hace muchos años, de largas conversaciones entre amigos. Supongo que buscábamos en el camino la satisfacción y la realización que no encontrábamos en nuestro día a día.

Genís: Aunque lo importante fuera el camino, eso no significa que no nos tomáramos la película muy en serio. Teníamos muy claro que no podíamos intentar controlar la película al 100%, porque no teníamos los recursos ni el equipo para hacerla de modo convencional, así que intentamos que la realidad nos rellenara esos huecos. Lo que no sabíamos entonces es que eso es tanto o más ambicioso que lo otro, así que al final la película desprende algo de esta improvisación que a veces funciona bien y a veces no.

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¿El crowdfunding fue un trayecto tan duro como la propia ruta en burro?

Ferran: Tuvimos la suerte de plantear un proyecto con el que la gente enseguida se implicó, por el tema y porque los burros son un imán. La respuesta de la gente nos dio más energía para afrontar la preparación del proyecto. El crowdfunding tiene sus cosas positivas y negativas. Lo más romántico es que creas una gran família de pequeños mecenas. Lo peor del crowdfunding es que seguramente sea el primero y el último. En el camino puedes perder muchos amigos.

Genís: Sí, esto del lowcost es un doble filo muy peligroso. No debería significar que todos asumimos que trabajamos por amor al arte, debería significar poner una idea y un tratamiento simple por encima de los recursos. Pero claro, conseguir eso es lo más difícil.

¿Qué inputs recibisteis por parte de vuestros micromecenas, invitados todos en el pre-estreno en los Cinemes Girona de Barcelona?

Ferran: En general todo el mundo estaba muy contento y las sensaciones fueron buenas, pero no puedes fiarte de ese feedback. Ellos forman parte de esta gran família que durante dos años nos ha aguantado de todo. Habrá que ver con un público más objetivo.

Y después de ese multitudinario preestreno, ¿dónde podremos ver la película?

Genís: Estamos muy emocionados con esto de la distribución. No tenemos ni idea de qué hay que hacer porque es la primera vez que hacemos un largo, pero estamos proyectando unas imágenes maravillosas en nuestra mente.

Ferran:  Como hemos dicho es una película pequeña. Nuestra intención es hacer algunos pases por los pueblos que han participado. También mandarla a algunos festivales. Ahora estamos poniendo los subtítulos en castellano e inglés, a ver si cae algún canapé.

¿“Els bons homes van en burro” es un film local o global?

Genís: Yo creo que es super local. Puede ser que en esa localidad haya cosas que son síntoma o reflejo de cosas globales. Pero puede, la verdad es que no tengo ni idea.

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Decís que vuestra película es una ruc-movie ¿Qué es y qué ha implicado rodarla?

Genís: Ha implicado un montón de horas de camino, cuidar y conocer a los animales, buscar rutas y caminos por los que no circularan coches, caminar a las tres del mediodía durante la ola de calor de agosto, dormir en el suelo, hacer copias de seguridad en medio del bosque con el ordenador conectado a una burra (a una burra de corriente, no me jodáis), aprovechar la lluvia para ducharse, levantarse a las 6 y a las 10 de la noche sentir que si no te tumbas caerás enfermo…

Ferran: Esta ha sido una película de intentar rodar cosas imposibles con nada o muy poco presupuesto. A veces nos imaginábamos en la Amazonia peruana subiendo y bajando el barco en una sola pieza como en Fitzcarraldo. A nivel de producción también ha significado pedir mucha ayuda y asumir que tus semanas antes de empezar a rodar van a ser un auténtico infierno, sobretodo antes de Bruselas.

¿Qué papel juega la música en esta película?

Ferran: La música nos ha sido muy útil para dar ritmo al conjunto y enfatizar algunos momentos, pero eso es lo que hacen todas las bandas sonoras. Aunque en nuestro caso aparecen algunos músicos en escena, esencialmente no hace nada nuevo. Quizás lo más destacable es cuando la canción, además de ser una banda sonora, sirve también para denunciar alguno de los conflictos que tratamos en la película.

“Els bons homes van en burro” es vuestra ópera prima…¿Algún nuevo proyecto en perspectiva como tándem o el viaje os desgastó demasiado?

Genís: No hay proyecto a la vista pero algo caerá. El viaje desgastó pero en absoluto demasiado. Aunque durante la post-producción pasamos algunas crisis, el amor está más presente que nunca. De hecho le he escrito a Ferran un poema, ahí va:

“Ojitos de lemur y moreno de vividor,
tus pectorales de plastilina,
me suben la bilirrubina,
rodar contigo nunca será agotador,
pues tu sonrisita de joker te hace encantador.”

Ferran: ¡Ja, ja, ja! Ésta va para tí, Genís:

“Piel de porcelana, barbita de pedigree,
me ilumina tu coronilla,
mientras preparo ensaladilla,
vivir rodando quiero estar,
a tu lado, ¡ay, qué bienestar!.”

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