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“No viviremos por contratos, sino por proyectos”

Por:

Aleix Saló, historietista.

Nacido en Ripollet (Barcelona) en 1983.

Autor de los libros Españistán y Simiocracia y de sus respectivos Book Trailers que tanto se han compartido en las redes sociales. Recientemente ha publicado Europesadilla: Alguien se ha comido a la clase media, una obra ilustrada, editada por DeBolsillo, que analiza el declive de Europa y su futuro.

 

- Aquí estamos dándole vueltas al coco a nuestras vidas, torturados y un poco perdidos, mientras que en el universo Estrella Damm parece que todos están muy relajados. ¿Has visto ya el anuncio de este verano?

- Soy incapaz de verlo ningún año. Aguanto cinco segundos. Me pone de muy mala leche. No puedo. Tengo que apagar el televisor. Respeto totalmente la calidad del trabajo realizado por parte de la agencia de publicidad y del grupo de música correspondiente, pero no pueden convencerme de un estilo de vida determinado. Yo vivo la vida como me da la gana. Son solamente una cerveza. Que se les bajen los humos. El de Estrella Damm es un caso muy parecido al de las campañas publicitarias de Campofrío y Coca-Cola. No me identifico en absoluto con las marcas que quieren transmitir buen rollo a través de la publicidad.

- Tu punto de partida a la hora de plantear un trabajo parece justamente el contrario: basarte en la realidad y no en la utopía…

- No me puedo vanagloriar de mucha cosa. No considero mejor mi trabajo en este sentido.

- A raíz de tu experiencia, ¿las empresas han contactado contigo para la producción de contenidos o asesoramiento en estrategias de comunicación?

- Decenas de veces y la verdad es que no he hecho caso. Solamente algún trabajo muy limitado, como algunas animaciones para una productora de Madrid que colabora con el Sáhara Occidental. No he aceptado ningún encargo. He estado en varias reuniones con determinadas marcas y sé muy bien como plantean según qué tipo de campañas y qué tipo de compromiso con la sociedad buscan. Hay ciertas clases de productos que no deberían aspirar a tanto. Casi que prefiero una publicidad más tradicional en la que se explique que las tazas o las cafeteras de determinada marca son geniales y poco más. Mezclar ética y moral con la publicidad es complicado. Uno siempre cae en contradicciones. Y al final, todos trabajamos en base a un interés personal o profesional.

- Pues del dinero público la Cultura ya no vive… ¿El sector ha dependido en exceso de las subvenciones?

- El problema no es tanto que los ingresos sean de procedencia pública, sino que ese dinero público provinieran de la burbuja inmobiliaria. Cuando los ayuntamientos recibían plusvalías por el ladrillo, ese dinero iba directo a Cultura y se contrataban grupos de música o carteles para la Fiesta Mayor a precios altísimos. Trabajar por el sector público no es malo si detrás hay sentido común.

- ¿Te has planteado seriamente alguna vez irte del país?

- Todavía me planteo irme de España. Haya bonanza o recesión, es algo que se debe hacer siempre. Lo haré seguro, no sé cuando todavía, pero lo haré.

- La alternativa a marcharse es emprender. ¿Consideras que todos podemos hacerlo o que se está convirtiendo en un deporte de alto riesgo, practicado por personas no preparadas? ¿Tú te consideras un emprendedor?

- Ser emprendedor no es un deporte de alto riesgo, es un acto de masoquismo. Conozco el caso reciente de dos emprendedores que, tras dos años peleándose con la burocracia, han visto como su negocio quedaba ahogado por las tasas. Hay mucho consenso en relación a que la burocracia en este país es un problema. El concepto gestoría no existe en Estados Unidos, tal y como lo entendemos aquí. La administración no debería poner problemas, tendría que agilizar trámites y apostar por la ventanilla única. No debería ser tan difícil lanzarse a emprender, aún sin experiencia. Al fin y al cabo, emprender es, como decimos en catalán, guanyar-se les garrofes. Vamos, lo que se ha hecho toda la vida. El término se ha prostituido.

- Empezaste muy joven a publicar tus trabajos y con gran impacto, especialmente en las redes. ¿Existe una relación directa entre el impacto en Internet y el retorno económico fruto de la comercialización de tus proyectos?

- Esto de la viralidad se puede comparar con los músicos del metro. A un músico que toca una jornada entera en el metro le pueden llegar a pasar por delante unas 15.000 personas, pero el contexto es completamente engañoso. Muy pocos lo habrán escuchado y menos todavía apreciado su música. Mejor llenar una sala de conciertos pequeña donde te valoren. Pienso que el eco, el impacto, no es cuestión de cantidad sino de calidad.

- Con 30 años ¿te sientes más cerca de la generación de los de treinta o de la de los de veinte? ¿Cómo ves a estas dos generaciones ante la actual situación?

- En realidad hay, desde mi punto de vista, una situación común entre las personas que tienen 35 años y las que tienen 20. En cambio, encuentro diferentes a los menores de 20. Los de 20 a 35 tenían expectativas muy altas y se han encontrado con la desesperante realidad. Diría que los de menos de 20 ya tienen otro bagaje.

- ¿Y a qué crees que se debe este cambio de perspectiva? ¿La formación que reciben los menores de veinte ha evolucionado lo suficiente?

- Los chavales de menos de 20 años han recibido en la escuela exactamente la misma formación que nosotros pero, en cambio, la educación en casa ha sido diferente. Están teniendo una relación muy distinta con el dinero y lo material. Ellos ya saben que no estrenarán un BMW con 19 años.

- Ante este contexto de transformación a la que llaman “crisis”, todos nos quejamos y muy pocos proponen alternativas. ¿Qué sector de la sociedad consideras que está aportando más soluciones?

- Generalizar en un solo sector es muy complicado. Se están haciendo cosas muy útiles desde el ámbito de la lucha reivindicativa. Hay sectores empresariales que también están haciendo mucho y que se están quejando muy poco y currando un montón. Hay otros sectores empresariales que, en cambio, se quejan mucho y no hacen nada.Un fenómeno grave a tener en cuenta es el de losdesahucios, que te rompen el corazón por injustos. Pero en cambio, también hay casos en los que el drama se produce por haber hecho lo que uno no se podía permitir. Hipotecarse con 500.000 euros por una casa en el barrio del Eixample de Barcelona e ir de víctima del sistema no tiene sentido.

Fotografía cedida por Carlos F. a través de la editorial Debolsillo.

Fotografía cedida por Carlos F. a través de la editorial Debolsillo.

- Se habla sobre ti y de lo que haces de muchas maneras, como dibujante, humorista, ilustrador, cortometrista, incluso divulgador. Has demostrado saber jugar con los diferentes medios y formatos (diario, revista, libro en papel, e-book, vídeo…) así como formar comunidad con tus lectores, tanto a través del blog como de las redes sociales. Cada vez es más difícil definir a un profesional en una sola palabra…

- Los profesionales con una personalidad más definida siempre han sido difícilmente encajables. No me gustan las etiquetas pero, si me piden que me defina, me gusta hacerlo como historietista, que al final se refiere a la persona que cuenta historias mediante imágenes. Hay definiciones que por el simple hecho de ponértelas te dan un estatus. Yo parto de un estatus que es ridículo. Soy viñetista. Me río un montón de mí mismo. No me tomo muy en serio, a mi trabajo sí, pero a mí mismo no.

- Pero existen todavía creativos que batallan diariamente por ser directores de cine de películas de gran presupuesto…

- Aun sin darnos cuenta, queremos luchar en un mundo con esquemas aprendidos que ya no sirven. Pienso que querer ser el nuevo Kubrick es un error, mejor ser tú mismo. Hay que ser muy flexible. A saber dónde acabas…

- ¿Cómo te planteas el futuro?

- Voy puliendo mi camino sobre la marcha. Voy probando cosas. La cago profundamente con acciones meditadas y la acierto muchas veces por puro azar. Cuando algo funciona no me lo acabo de creer.

- Qué inestable todo…

- Si lo piensas bien, llevamos en este modelo de vida desde los 20 pero no lo hemos asumido todavía. Creo que debemos aprender a vivir con la inestabilidad y nos acabaremos acostumbrando. Llegará un día en el que valoraremos tanto nuestra libertad (libertad siempre relativa, claro está) que no querremos volver a la oficina, preferiremos el riesgo y los cambios. Ya no viviremos por largos contratos, sino por proyectos.

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