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Reflexiones de un arquitecto hispano belga en São Paulo

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Llevo cerca de dos años en São Paulo, ciudad cuya falta de planificación urbana dificulta mi orientación. Un lugar donde aprecio el cielo a través de los recortes que dejan los grandes edificios. Resulta siempre un desafío conseguir saber por dónde sale o se pone el sol.

La mejor manera de conocer una ciudad es andándola, pero me faltan puntos de referencia reconocibles, esos a los que estoy malacostumbrado en mi ciudad natal, Barcelona. En Säo Paulo me pierdo. Todo me parece igual. Reina una pátina uniforme en el lenguaje urbano que deja en evidencia el histórico desinterés por hacer esta ciudad amable para el peatón. Aquí, el coche es el mimado.

No me es fácil acostumbrarme a la manera de vivir a este lado del Atlántico. Los códigos de conducta son muy a menudo aleatorios y chocantes. Me doy cuenta que mi mente está excesivamente estructurada, modelada por patrones regidos por la educación que he recibido en el mundo del que provengo. En Europa, los parámetros de efectividad y rigor son más que exigidos. En Brasil, las normas de conducta obedecen a otros comportamientos. Aquí, las lógicas de funcionamiento acostumbran a ser únicas e individualizadas y los procesos están sometidos a una infinita burocracia. Tengo mucho que aprender, sobre todo a ser paciente; porque, como dicen aquí, “al final todo sale bien”, aunque nadie sea capaz de predecir cuándo llega ese final.

Estoy trabajando en proyectos de regeneración urbana de periferias de Säo Paulo, una megalópolis de 11 millones de habitantes, donde 3 millones viven en asentamientos precarios que necesitan mejoras en educación, sanidad, transporte, habitabilidad y calidad ambiental. A pesar de sus carencias, estas comunidades son la principal forma de acceso a la vida urbana para millares de familias que vienen desde el campo a buscar una vida mejor. La favela, como se conoce popularmente, se convierte en lugar de acogida.

favelas sao paulo

Favelas en Sao Paulo. Imágenes de Robert de Pauw.

Si ya la ciudad formal ha crecido de manera desorganizada, sin planificación, eliminando las realidades naturales que la identificaban (sus grandes avenidas, por ejemplo, se construyeron sobre sus ríos), imaginad cómo se desarrolla la ciudad informal. La favela aparece espontáneamente a partir de la necesidad de las personas. Normalmente son consecuencia de invasiones en áreas públicas “disponibles”, que muchas veces sufren riesgo geotécnico por erosión o inundación.

favelas sao paulo

Zona con riesgo de inundación.

La presencia de agua en las comunidades donde trabajamos es habitual. Proviene de nacimientos que manan en la zona; no obstante, esos riachuelos ya no son percibidos como sistemas naturales, dado que toda la porquería va a parar allí. Son auténticas alcantarillas a cielo abierto y algunas casas han sido construidas encima. Este problema constituye un claro ejemplo de la ciudad que da la espalda, punto clave que un planeamiento urbano en condiciones puede resolver. Nuestro objetivo es identificar el origen contaminador e implementar las medidas correctoras que recojan las aguas sucias, posibilitando la presencia de agua limpia de nuevo. Reconstruir y reactivar la naturaleza a través del trabajo del paisaje y el diseño urbano es fundamental para dignificar el entorno y conseguir calidad ambiental.

Así lo estamos proyectando en la región de Campo Limpo y São Miguel Paulista. La liberación de las casas que están construidas encima de esos ríos evita los riesgos de inundación y erosión. La regeneración de las márgenes de los ríos conforma paseos públicos continuos y equilibra los corredores verdes locales. Implicar a los habitantes en estos procesos constructivos es parte indisociable del proyecto: escuchar sus opiniones y hacerles partícipes del respeto al entorno.

En la favela de Paraisópolis, tratamos de estabilizar un área con riesgo geotécnico y peligro de deslizamiento. Aunque esta zona fue desalojada, rápidamente la gente volvió a instalarse allí. En estos momentos ha sido desalojada de nuevo, reubicando a las familias en alquileres sociales subsidiados, hasta que puedan acceder a las viviendas públicas que están siendo construidas en las proximidades. En esta área hemos proyectado un parque público. Hemos activado un lugar de encuentro y socialización a través de espacios de ocio asociados a la revegetación.

Este será un espacio de transición entre dos realidades: por un lado la favela, con su estructura consolidada de callejuelas y su intensa vida en la calle, y por otro las nuevas viviendas sociales, edificios en formato “condominio” privado (comunidades de propietarios cerradas con una cerca). Estos bloques ya no dialogan con el exterior. Siguen el esquema típico de las viviendas de alto standing de los barrios más pudientes, que se ha extendido como modelo en la ciudad. Todo el mundo quiere acceder a ese tipo de vivienda, porque significa ascender de clase social. Lo que sucede, en realidad, es que en la favela, acaba fracturando la cohesión social inherente a la comunidad.

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Vista general de la ciudad de Sao Paulo.

Como conclusión, la ciudad y sus espacios de convivencia están agonizando. Cada vez se alejan más de las personas. Desde la sociedad más adinerada no hay interés por recuperar la urbe como lugar de encuentro. No es casualidad que São Paulo sea la ciudad con más tránsito de helicópteros privados del mundo. Su vida se desarrolla de muros para adentro. Mientras tanto, la ciudad acentúa su pátina continua y su apariencia hostil. Los arquitectos urbanistas y paisajistas tenemos la dura tarea de proponer iniciativas que ayuden a reconstruir la ciudad para las personas. Las que van a pie, en bicicleta, en transporte público y en último lugar en trasporte privado…

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