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Think outside the box

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Más que la referencia mundial del sector tecnológico, Silicon Valley (California, EEUU) es la cuna del emprendimiento. La tecnología ha sido el vehículo utilizado por las mentes privilegiadas del valle para crear negocios globales. ¿Cómo podemos llegar al mercado mundial sin movernos de casa? Con una dotcom. Hoy, la tecnología no es más que una herramienta transversal para ‘escalar’ proyectos que van desde (claro está) las TIC hasta las recetas de cocina.

Aunque el valle reciba ese apodo por el mineral tan presente en los componentes de la industria informática, ya no vive del silicio. Evidentemente, esta zona comprendida entre San Francisco y San José es el sitio donde más fácil resulta cruzarse con un ingeniero informático (llevan desde los setenta cultivando el oficio); pero, sobre todo, es la región con mayor concentración de talento en el mundo. De ahí salen hoy las grandes ideas que acabarán triunfando mañana, siempre unos pasos por delante del resto de los mortales.

Hemos pasado un mes en Silicon Valley, tiempo suficiente para comprender que lo que se avecina en el mundo profesional no es tenerla idea de nuestra vida, sino simplemente pensar diferente. Think outside the box, dicen los que entienden. Pensar fuera de la caja significa no caer en las barreras psicológicas, en las fronteras sociales, en las prisiones mentales que nos hacen creer que algo es imposible. El iPhone era el teléfono condenado a la ruina y la gente se reía de Twitter y sus mensajes de 140 caracteres. ¿Imposible?

Núria Sala, realizadora de E2S Productora, abraza a un participante del programa ‘Imagine’.

Más allá de los Google y Facebook de turno, en el valle del silicio hemos conocido a multitud de casos de éxito que comenzaron con un ‘es imposible’ y siguen creciendo. Jean Claude Rodríguez-Ferrera era un iluso al pensar que con Puddle podría crear el banco que pasa de la banca. Estaban locos los que querían crear una fuente universal de conocimiento llamada Wikipedia. Solo Kiva pensaba que era posible generar negocio ayudando a los entornos de emprendedores del tercer mundo.

La mayoría de los emprendedores que hay detrás de los casos de éxito nos dicen lo mismo: “no conocía mis límites hasta después de superarlos“. Este es el camino, no pensar en si somos capaces de algo sino en hacer camino al andar, porque el fracaso no es como nos lo han enseñado: reside en no haberlo intentado.

Pensar diferente significa centrarnos en el qué, pero sobre todo en el cómo. En España no tardan mucho en desanimarte con un “eso ya se ha intentado, y no ha funcionado“; en Estados Unidos te invitan a pensar por qué no ha funcionado y cómo podría funcionar. Inténtalo y, si fallas, ya sabes cómo no se hace.

En Estados Unidos el fracaso no está mal visto. Es un paso más hacia el éxito, un aprendizaje del que deberíamos sentirnos orgullosos. Lo mismo creen los grandes inversores que se apiñan entre San Francisco y Palo Alto. Son conscientes de que a 9 de cada 10 proyectos les sale el tiro por la culata, pero en 1 de cada 10 se forran.

Sí, en Silicon Valley hay dinero, mucho dinero. Lo hay porque existe el talento en el que confiar, y el talento está porque las empresas del valle los atrae. Es una bola de nieve que se ha hecho grande y sigue, y sigue. ¿Habrá llegado el momento de sembrar la semilla aquí? La siguiente cuestión sería ¿quién tiene el poder de sembrar esta semilla? Sin duda, cada uno de nosotros. La semilla se llama optimismo.

El optimismo es nuestra herramienta para pensar fuera de la caja. Nos lo ha enseñado Xavier Verdaguer (y todo su equipo), el emprendedor en serie obsesionado en transmitir el virus del positivismo entre los emprendedores en potencia que reúne cada verano en el programa Imagine, en San Francisco. Según Verdaguer, los participantes de Imagine tienen la responsabilidad de transmitir este virus a sus entornos, para que vaya multiplicándose y todas nuestras comunidades crean más en su poder para cambiar el mundo.

Philippe Delespesse, experto en pensamiento creativo, durante una formación de ‘Imagine’.

Todo comienza con un think outside the box. Significa que tenemos que trabajar, en definitiva vivir, sin esperar que nadie (excepto nosotros mismos) nos solucione la papeleta. Ni amiguismos, ni subvenciones, ni ayudas, ni enchufes, ni facilidades legislativas ni nada de todo eso. Es una pérdida de tiempo y una falta de respeto a nuestras capacidades.

Como dice Alfons Cornella, inspirador de tántos y tántos emprendedores, vamos a salir de esta gracias a personas normales capaces de hacer cosas extraordinarias. Soñadores que un día creyeron, pero de verdad, que iban a convertir su sueño en realidad.

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