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‘Las palabras pueden ser tan visuales como las imágenes o la música’

Por:

Gonzalo Cervelló y Emilio Ferrer son ‘Transistora’ en sus ratos libres. Les entusiasma la música electrónica y en 2009 crearon el blog  ’Transistora. Crítica de música electrónica‘, un magacín digital donde, según dicen, los discos son comentados como obras de arte. Ellos ilustran con palabras las sensaciones que les causa la música que reseñan. Descartan los tecnicismos habituales y utilizan metáforas para integrar la música en la narración y hablar de la experiencia personal. No son críticos al uso, sino oyentes que disfrutan del placer de escuchar esos temas y, al fin y al cabo, escritores que comparten sus sentimientos.

P- ¿Cómo nació Transistora?

R- La idea surgió como suele pasar con estas cosas, entre la ocurrencia y el desafío. Un día estás hablando de música y al siguiente estás escribiendo sobre ello y publicándolo en la red. Los blogs empiezan siempre con la convicción de que puedes aportar algo al tema. Necesitas probar qué ocurre al compartir tus opiniones personales, sin olvidar que empiezas como un simple aficionado. Iniciar un blog no es solo esfuerzo, también conlleva una responsabilidad.

P- En el contexto de los contenidos digitales sobre música electrónica, ¿había espacio para un magazine como Transistora? ¿Qué hueco quisisteis llenar?

R- Buscamos con insistencia a ver si ya existía algo así, con ese enfoque y ese tono. Llevábamos tiempo siguiendo otras publicaciones parecidas. Nos decidimos a empezar precisamente porque no encontramos nada similar. Cuando se habla de música en las reseñas de los magazines, se tiende a un análisis clínico, a una valoración que acaba diciéndonos si es bueno o es malo el disco del que tratan.

Estas reseñas suelen ser prácticamente idénticas, con mucho corta-pega de las notas de prensa que emiten los sellos. También son frías y técnicas, especialmente si tratan la música electrónica, y cuando las lees no te queda claro qué pensar al respecto. Nosotros queríamos aproximarnos más, adentrarnos más, aunque rompiéramos los códigos establecidos para hablar del tema. Nos parecía interesante aportar algo que no habíamos encontrado y experimentar si tendría aceptación.

P- ‘Transistora. Crítica de Música Electrónica’. ¿No se os gira en contra el uso de la palabra ‘crítica’ dentro de la frase descriptiva de vuestra marca? ¿Qué connotaciones dais a este concepto?

R- Quisimos usar la palabra ‘crítica‘ precisamente porque está mal vista y casi es considerada tabú. Tiene unas connotaciones negativas de las que los periodistas especializados reniegan, sin que por eso dejen de hacer crítica. Curiosamente, nosotros no la hacemos en absoluto. Ser juez de lo que otros hacen nos parece una pretenciosidad. Nunca tratamos discos que no nos gusten y dedicamos toda la energía en los que merecen la pena. Tampoco valoramos con una puntuación del 0 al 10 los discos ¿Quién está capacitado para hacer algo así? y sin embargo, casi todas las publicaciones especializadas lo hacen, sin que nadie conozca el criterio en el que se basan. Paradójicamente, hablar abiertamente de crítica sí nos permitió llenar un vacío en Google.

P- En un momento en el que la imagen parece apoderarse de la música, vosotros apostáis por dar valor a las palabras… ¡Qué arriesgados!

R- Las palabras pueden ser tan visuales como las imágenes o la música. Es el medio más completo para expresar cosas; de hecho, está diseñado para eso y por eso nos comunicamos normalmente hablando y no tocando una flauta ni dibujando croquis en un iPad. Es un vehículo riquísimo para ser usado creativamente y un formato perfecto para ilustrar emociones.

Con la materia abstracta es un poco más complicado, pero siempre hay un medio de expresar un concepto. Si algo te evoca una sensación y no sabes describirla, puedes intentar provocar esa misma sensación con palabras sin necesidad de expresarla. Sería algo así como poesía aplicada. En el caso de la música, nosotros lo llamamos ‘verboclips‘. Mientras un videoclip intenta ilustrar la música con imágenes, un verboclip hace lo mismo con palabras.

P- No debe ser fácil traducir en palabras las emociones que transmite a cada uno de nosotros la música electrónica…

R- No lo es. Solemos tomar notas mientras escuchamos un disco. Palabras sueltas e inconexas que acaban trazando un camino semántico. La forma final que eso llegará a tener nunca la conocemos a priori. Escribimos a 4 manos, pasándonos el texto una y otra vez. Nada nos indica que el resultado vaya a ser válido para todo el mundo, porque un lector-oyente no necesariamente tiene que compartir esa sensación general.

La clave la tenemos en los artistas, cuando leen una construcción hecha de palabras que parte de su música. Son ellos los que nos dicen si nos hemos equivocado. Además, en ocasiones hemos recibido muy buen feedback de músicos que han sido reseñados en Transistora y les ha impresionado positivamente que hayamos creado una historia específica para hablar de su obra.

P- ¿Cómo reconocéis el material que merece la pena reseñar y compartir? ¿Cómo identificáis las obras qué esconden algo especial?

R- Eso ya es casi instintivo. Cada persona desarrolla un olfato especial para algo que le avisa cuando tiene delante un objeto singular. No tenemos que esforzarnos en identificarlo. Nos asalta. Es curioso comprobar que puedes estar más de 8 horas al día escuchando música y, de repente, hay algo que te hace ‘clic’ y piensas: esto para Transistora. Lo especial no necesariamente tiene que estar donde esperamos encontrarlo. Nos puede sorprender en un tema de Lady Gaga.

P- El trabajo con el que más habéis dudado.

R- ‘Heligoland’ de Massive Attack. Tuvimos un debate moral durante un tiempo respecto a ese disco. Fue publicado al principio de 2010, cuando Transistora estaba empezando, y finalmente no lo reseñamos. A pesar de que ambos somos muy fans del grupo y que el disco nos gustaba, consideramos que era material de relleno. Es una frivolidad pensar que lo que a unos artistas se les excusa en otros parece imperdonable, pero cada disco vive en el contexto de una carrera artística. El entorno define si un trabajo resulta oportuno o no y delata cuando es mejor guardar silencio.

P- La reseña con la que más enemigos os habéis creado.

R- No lo sabemos. Transistora no tiene suficiente peso para dejar una huella profunda, ni para los músicos ni para las publicaciones especializadas. Para los sellos grandes, un magazine modesto es irrelevante y para las revistas profesionales los aficionados que empiezan son intrusos. No sabemos si alguna reseña en concreto ha sentado mal (ya hemos dicho que nunca hablamos negativamente de ningún disco). Otra cosa es que haya sido entendida y apreciada. Si ocurriera algo así, Transistora es lo suficientemente pequeña para olvidar con facilidad cualquier cosa que publique. Más que enemigos, la web nos ha proporcionado muchos amigos que no habríamos conocido de otra manera.

P- En general, ¿compartís gustos o sois más bien complementarios?

R- En música, casi siempre compartimos la misma impresión. Tenemos la sensibilidad ecualizada en el mismo plano. Es un poco extraño y nosotros somos los primeros sorprendidos. Venimos de sitios distintos, pero ahora estamos juntos también en esto. Sabemos que las parejas tienden a sincronizarse en gustos, pero no conocemos otro caso tan acusado como nosotros.

sonoros prejuicios

Imagen en concierto de la banda portuguesa The Gift. Foto cedida por Gonzalo Cervelló.

P- La trayectoria de Transistora ha ido en paralelo a una evolución muy clara en la forma de consumir música. En el caso de la electrónica, ¿cómo se han modificado los hábitos?

R- Que la música sea más accesible que nunca ha cambiado el modo de sentirla y la importancia que le damos. Nosotros seguimos comprando discos, pero ya no tienen el valor sentimental que tenían. Por muy bueno que sea, es imposible que un disco al que llegas ahora signifique lo mismo que aquellos que comprabas cuando eras adolescente (cuando sabías de música lo que alcazaba tu cultura entonces y te impresionaban con esa intensidad porque no habías oído nada parecido). Eran discos que escuchabas sin parar durante un trimestre, hasta poder comprarte otro. Ahora escuchamos en diagonal. Al principio de Transistora costaba esfuerzo encontrar cosas concretas, ahora la música nos llega por correo, la compramos online o la buscamos en Spotify. Actualmente el acceso es tan fácil que ni siquiera necesitas descargarla ilegalmente.

P- ¿Y hacia dónde creéis que se dirige el consumo de música?

R- A la banalización. Siempre habrá gente que sepa aprovechar la facilidad de acceso a todo tipo de música y sentirá la necesidad de buscar cosas cada vez más raras, pero la mayoría se contentará con que haya algo que han elegido otras personas sonando en el aire. Eso se comprueba en los festivales, donde cada vez más personas acuden por motivos que ya no tienen una relación directa con la música. Cuanto más cómodo sea el acceso a algo en concreto, menos relevancia tendrá. Cuanta más información tengamos sobre política, por ejemplo, menos impacto tendrá lo que hagan los políticos. Los chinos se esfuerzan en censurar internet, pero es la propia internet la que, a medio plazo y en términos globales, agota la curiosidad y nos hace homogéneos.

P- ¿Qué opináis de la escena electrónica nacional actual?

R- La gente hace cosas interesantísimas, no hay más que entrar en SoundCloud para alucinar con el material que circula por la red. Ya no hace falta movilizar grandes recursos para producir un disco. Cualquiera con un poco de interés puede montarse un estudio en su habitación. Lo curioso es que esos talentos no necesariamente están en contacto. Puedes tener un vecino artista que hace cosas geniales en tu mismo edificio y tú no darte cuenta. La fertilidad de esa escena no es visible. Faltan sitios donde concentrarse y mostrarse al público.

P- Habéis renovado la imagen del magazine recientemente. ¿En qué consisten estos cambios?

R- Las herramientas que permiten montar una publicación online han evolucionado mucho y se han simplificado. Ahora tú mismo puedes hacer cosas más acertadas respecto a lo que tienes en mente sin pedir ayuda a terceros. El aspecto de Transistora venía determinado por esas limitaciones. Antes era más nocturna y hostil y nos gustaba mucho que así fuera. Sin embargo nos dimos cuenta, por ejemplo, que usar un fondo negro dificulta muchísimo la lectura y la gente ya tiene suficiente dificultades para leer un texto. Finalmente, decidimos optimizar el diseño general, aplicamos un cambio drástico y migramos a WordPress. Esto nos permite hacer cambios buscando facilitar el acceso a los contenidos.

P- ¿Qué camino seguiréis a partir de ahora?

R- Transistora es, al fin y al cabo, un proyecto personal. Por desgracia, no disponemos de mucho tiempo libre para que sea otra cosa. Por eso no actualizamos contenido con la frecuencia que quisiéramos. No nos proporciona ningún ingreso económico y consume mucha dedicación. Eso sí, es un campo experimental donde ponemos en práctica muchas cosas que nos han servido para otros fines. Nosotros tenemos otros trabajos para mantenernos. Estará viva mientras podamos permitírnoslo. No contiene banners de publicidad y nos gusta que sea así, pero no deja de ser un hobby exigente. Hay gente que prefiere tener una Harley, nosotros tenemos esto.

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