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Sonoros Prejuicios

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Preferir ser del Betis o del Sevilla, un Volvo a un Audi, o una Pepsi a una Coca Cola no son decisiones racionales. Tampoco ser calvinista en vez de luterano. La sugestión del entorno puede arrastrarnos a elecciones que creemos voluntarias y, en el fondo, no lo son. ¿Por qué nos gustan las bandas que decimos que nos gustan?

La radio musical no suele razonar por qué recoge unas cosas y otras no. Es la trayectoria de un programa determinado la que perfila su criterio de admisión. Un fan del Primavera Sound no necesita que le justifiquen por qué un grupo desconocido está en el cartel. Como mucho, pensará que, si está, es porque merece estarlo. El problema reside en vender como criterio objetivo lo que es simple subjetividad. Pensar que Wilco es sublime o considerarlos un auténtico coñazo será solo cuestión de a quién quieras prestar atención.

¿Te has parado a pensar alguna vez de dónde vienen las etiquetas indie o mainstream? ¿Lo indie es independiente respecto a qué? Como el moderneo o el hypsterismo, todos aceptamos estas etiquetas inmediatamente. Sabemos qué encierran, sin saber exactamente por qué. Esto se evidencia cuando algo no encaja en el cesto que creíamos que le correspondía. Estas clasificaciones han sido creadas por los medios de comunicación. Son artificios para orientar el mercado y todos los canales lo hacen de un modo similar.

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Fotografía de Gonzalo Cervelló

¿Qué diferencia Los 40 principales de Pitchfork? En realidad, nada sustancial. Elijas una u otra plataforma, solo es la voz del profeta al que estás predispuesto a escuchar. Los 40 te recomendarán su música para sentirte uno más, y Pitchfork te recomendará la suya para que te sientas uno más especial. Te hará creer que sabes apreciarla antes de que se popularice y empiece a dejar de molarte cuando escuches su nombre por todas partes. Te ayudará a darte cuenta de que Animal Collective es la gran esperanza blanca de la música independiente y que no puedes negarlo.

Cuando Santi Carrillo dice que los oyentes de Los 40 Principales no tienen criterio musical, se sobreentiende que los lectores de Rockdelux sí. ‘Nosotros somos conscientes de que nos dirigimos a minorías selectas’.

La diferencia entre la música independiente y la de las grandes discográficas es una lente snob: algo que acaba por gustar a mucha gente, aunque empezara siendo considerado guay, acabará descalificado en los estantes de consumo de masas. Amy Winehouse sufrió esa vulgarización en un tiempo record. Las bandas de estadio (Muse, Coldplay, Arcade Fire, etc.) recorren ese mismo camino un poco más lento. Nadie, salvo Daft Punk, puede dar ese doble salto mortal sin partirse el cuello. ¿Por qué, haciendo básicamente el mismo pop perfecto, Lady Gaga es una payasa mientras Roisin Murphy es una diosa?

Los profesionales de la palabra musical son matones a sueldo de la industria que te dicen lo próximo que te va a gustar. Te lo vas a comer sin rechistar, te guste o no al principio. Te vas a esforzar en idolatrarlo, porque lo dicen ellos. Además, después empezarás a recomendar ese plato a todos tus amigos y les dirás que al principio tal vez les sepa amargo, pero con un poco de suerte, si tienen lo que hay que tener, les gustará a ellos también, para acabar dándote las gracias por haberles puesto en la pista de ese descubrimiento fascinante.

Diferenciar entre buenos y malos tiene el peligro de que un desliz nos ponga en evidencia de vez en cuando. Por el motivo que sea, los medios no dejan de intentar colarnos un gol. Ojete Calor no dejará de ser basura por muchos minutos que le dediquen en Radio 3. Esa banda tan bien acogida por la prensa especializada y que, en realidad, no tiene más mérito que una película de Torrente. Por favor, no nos lo sirvan en la misma bandeja que Astrud. Por cierto ¿eres fan de Manos de Topo?

Que Alejandro Amenábar dirija el último vídeoclip de Nancys Rubias no aporta intelectualidad a Mario Vaquerizo, solo le permite subir el caché cuando firma bolos junto a Fangoria. ¿Dónde está la gracia en producir, copiando plano a plano el comienzo de La Naranja Mecánica de Kubrick, una nueva versión del I Don’t care de Icona Pop, que tiene 55 millones de visitas en YouTube y cientos de parodias amateur? Pues a mucha prensa especializada le parece lo más y lo acoge con los brazos abiertos.

Todavía más complicado es pasar del mainstream más anodino a ganarse una posición respetable. Es una proeza sobrenatural. Preguntadle a Christina Rosenvinge. Es cierto que no podemos esperar gran cosa de Pablo Alborán, pero ¿qué pasaría si hiciera un disco bueno algún día? ¿Nos lo tomaríamos en serio?

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Fotografía cedida por Gonzalo Cervelló

Existen artistas que se han ganado la consideración de unos y otros en un equilibrio difícil de mantener, Nawja o Amaral son un par de ejemplos, pero no se puede contentar a todos sin que te pelen viva por algún lado.

Que la cosa no es tan simple se sobreentiende al reflexionar un poco. Cuando pensamos en Pet Shop Boys nos vendrán a la cabeza fórmulas de pop insustancial de fácil asimilación y, sin embargo ¿qué hacía Neil Tennat (vocalista del dúo) tan atento entre el público en el concierto de Diamond Version (Alva Noto y Byetone) del Sónar de este año? ¿Es de suponer que el señor Tennant, a pesar de tenerlo todo hecho, continúa cultivando inquietudes musicales? ¿o por qué Enrique Bunbury menciona un disco tan raro como Shaking the Habitual de The Knife entre sus favoritos del año?

Si todo este monólogo inconexo no te ha aclarado nada, no te sientas culpable. Siempre podrás guiarte por la puntuación (con decimales incluidos) que tu revista favorita le otorgue al próximo grupo que te va a volver loco.

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