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‘La nueva tendencia es el fastgood: ya que tenemos que comer rápido ¡que sea bueno!’

Por:

Lucía de Elera lleva muchos años vinculada profesionalmente al sector de la gastronomía. A lo largo de su trayectoria se ha especializado en gestión de eventos, promociones y marketing de productos agroalimentarios.

Trabajó en Gastronomic+34 como organizadora de proyectos de promoción agroalimentaria española en el extranjero. Fue coordinadora de eventos, congresos y patrocinios en Alimentaria. Actualmente está montando EXQUISITS. Barcelona-Gourmet-Discoveries, su propia empresa de itinerarios y experiencias gastronómicas. Muy pronto, Lucía viajará a Sao Paulo y Hong Kong para organizar los pabellones de promoción de vinos españoles en dos ferias especializadas.

De su faceta como buena cocinera no sabíamos nada. ¡A ver cuándo nos invita a comer a su casa! De momento, nos conformamos con entrevistarla…

P- El acceso cada vez más amplio a la información es la tónica general a día de hoy. En el caso de la alimentación, andamos un poco saturados de inputs que a veces se contradicen y nos confunden ¿Comemos cada vez mejor o peor?

R- Es cierto, andamos saturados de inputs, tanto sobre alimentación como sobre otros temas… se trata de que nos informemos, leamos las etiquetas y filtremos la información… ¡Y que la compartamos! Sí que es verdad que hay un cambio de hábitos. Comemos rápido, dedicamos poco tiempo a cocinar, pero nos gusta comer bien a todos o casi todos… Depende mucho de quién estemos hablando, seguramente a la persona que esté leyendo esta entrevista le interesa el tema de la alimentación y está intentando comer cada vez mejor, entendido como más sano, equilibrado, pero también como más rico y con más criterio. La filosofía slowfood, las cestas directas de productor, la revalorarización de los mercados… son movimientos que así lo aclaman, pero también vemos los McDonalds con colas y la gente que llena los carros del súper con alimentos precocinados… Digamos que hay dos tendencias generales que cada vez son más extremas y un gran campo intermedio de como-lo-mejor-que-puedo-pero-rápido que todos intentamos gestionar lo mejor que podemos.

P- Comer bien no solo significa comer bueno sino también despacio. ¿Terminó ya la era del fastfood? ¿Masticamos más?

R- La era del fastfood y fastlife continúa, pero cada vez con más detractores que nos hacen valorar lo bueno de disfrutar de una comida sin prisas, sana y responsable. La nueva tendencia es el fastgood: ya que tenemos que comer rápido ¡que sea bueno! Y bueno, en muchos sentidos, ahora que la comida tiene conciencia, es Km.0, bio, responsable… Aunque para mí lo importante es, sobre todo, ponerle sentido común y mantener un equilibrio. Comer como lo harían nuestros abuelos, pero adaptándonos al ritmo actual. Es complicado, pero no imposible. La cuadratura del círculo…

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Lucía de Elera comiendo en El Celler de Can Roca

P- ¿Lo que comemos (y bebemos) y dónde lo hacemos define nuestra forma de ser y de pensar?

R- Bueno, sería más bien al revés, nuestra cultura, nuestra forma de ser y pensar define nuestra alimentación. Lo que somos define cómo comemos. La alimentación es totalmente transversal y uno de los mayores indicadores culturales. De hecho, la alimentación es cultura. Qué comemos, con quién, dónde, con qué… ¿Palillos? ¿Cuchara y tenedor? ¿Cuchillo y tenedor? ¿A qué hora? ¿De qué hablamos durante la comida? ¿Cómo estamos sentados?… Todo esto define quienes somos. Lo que comemos y bebemos es una herencia cultural a la que añadimos influencias de nuestras experiencias: viajes, amigos, formación, cotidianeidad… Es así. ¡Somos lo que comemos!

Y es en un mundo globalizado donde esta cultura de la alimentación cobra aún más sentido. El factor alimentación es clave a la hora escoger destino; de hecho, la primera razón por la que los turistas vienen a España es por su alimentación. De ahí el boom actual del turismo gastronómico y de la gastronomía. Nuestros productos, recetas y técnicas de cocina nos hacen especiales, diferentes y constituyen un polo de atracción.

P- Entonces, la cocina no vive al margen de la globalización mundial… ¿Nos hace falta viajar para comer de todo? ¿La identidad gastronómica de los territorios se difuminará hasta desaparecer?

R- Sí, tenemos que viajar si queremos vivir la experiencia auténtica y completa, sobre todo entendiendo la alimentación en su conjunto. En realidad, tener que viajar para vivirlo es maravilloso, aunque no lo podamos hacer siempre. Es una de las razones por la que viajamos ¡aunque sea mentalmente!

De hecho, se está trabajando para que esta identidad gastronómica, igual que el floclore en general, se mantenga y perdure en el tiempo. Sí, es posible que se vaya difuminando, pero se mantendrán iconos identificativos tradicionales y se recuperarán otros nuevos; como, por ejemplo, el vermut en Barcelona, que estuvo a la sombra durante tiempo y que ahora es de lo más cool. Al final, aunque no siempre nos guste, las modas ayudan a proteger y dar valor.

P- El boom de la gastronomía y el boom de la emprendeduría han coincidido en el tiempo ¿se están retroalimentando?

R- Creo que ambos son fruto de nuestro tiempo. La emprendeduría, como una forma de montarse la vida, de reinventarse a uno mismo, y la gastronomía, como el placer de la calidad y la exclusividad. Es puro hedonismo, pero también va ligado a salud, a calidad, a darse un capricho… Son dos campos que comparten espacio y, claro, se mezclan y reinventan.

P- No hace mucho decidiste impulsar un proyecto personal que fusiona, precisamente, estos dos fenómenos: cocina y emprender. ¿En qué consiste tu proyecto?

R- Exquisits está ligado a la alimentación y al turismo de calidad. Nació para mostrar la cara más auténtica de Barcelona a través de su alimentación. Son rutas gastronómicas pensadas para degustar productos y recetas típicas mientras se dan a conocer rincones de la ciudad, sus calles e historias. En realidad, es un proyecto vital, pensado para que los visitantes conozcan nuestra cultura de una forma amena y sabrosa.

P- ¿El turista más frecuente en Barcelona es aquél que come paellas precocinadas en las Ramblas?

R- Bueno, siempre veremos gente en las Ramblas comiendo su paella de plástico pero, por suerte, cada vez hay más visitantes concienciados de que para tener un viaje de valor añadido hay que mezclarse con los autóctonos, callejear y descubrir rincones mágicos. Lo que yo hago con Exquisits es guiarles por esa Barcelona auténtica y bonita, que tiene mucho que explicar y saborear. Además, en Barcelona, el 50% de los turistas repite visita y quiere ir más allá de la Sagrada Familia, la playa y el museo del Barça. Son personas que buscan algo más y que además les apetece probar la alimentación local. Aquí es donde entro yo en acción. Al final, en los tours, trato de dar lo mismo que me gustaría que a mi me explicaran estando en otro país, o lo que a mis amigos foodies les gustaría saber.

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El Born de Barcelona, punto de atracción turístico y gastronómico

P- En Barcelona a veces todo es muy de diseño en el peor sentido de la palabra. La identidad gastronómica de esta ciudad se decanta más hacia lo sofisticado o hay una apuesta real por la calidad en la carta de menú diario?

R- Barcelona es una de las ciudades europeas del diseño, pero la gente también viene aquí para conocer historia. ¡Tenemos más de 2.000 años! Aunque es verdad que necesitas ‘rascar’ para encontrarlos, hay muchos menús diarios, bares y restaurantes de producto fresquísimo y locales canallas en los que aventurarse. Esta ciudad ofrece de todo ¡solo hay que saber donde encontrarlo!

P- ¿Las identidades gastronómicas se pueden definir incluso a escala de barrio en las grandes ciudades?

R- Sí, en la mayoría de ciudades hay barrios con un carácter especial, marcado por su historia y el tipo de gente que vive allí. Por ejemplo, en Barcelona, la Barceloneta es el barrio marinero, popular, donde ir a comer pescado o una buena paella o picar una bomba. En San Sebastián, puede que vayas al Antiguo a comer pinchos y que cada local tenga su pintxo especial. En Sao Paulo, tienes Liberdade, donde vive la mayor comunidad japonesa fuera de su país y un excelente lugar donde comer este tipo de cocina.

P- Es obvio que sabes mucho de gastronomía y alimentación pero ¿eso significa saber cocinar? ¿Cómo te desenvuelves entre fogones?

R- ¡Me encanta cocinar! Sobre todo porque me gusta mucho comer, pero también por la creatividad que me permite. También cocino recetas que he probado en algún sitio. Imagino los ingredientes, la forma de cocinarlas e intento reproducirlas. Estas son la receta reto, ja, ja, ja. Hay que educar el gusto a base de comer y beber, olerlo todo, memorizar sabores… Es la forma de mejorar y saber recomendar platos. Aunque, tengo que decir que lo que más me gusta es cocinar los guisos de mi abuela: el fricandó, el pollito rustido a la catalana, los guisos de tradición.

Por eso mi trabajo da respuesta a mi pasión por la alimentación, desde la elaboración de los productos, pasando por las técnicas de elaboración, hasta sentarse a comer. Puedo estar comiendo algo riquísimo y hablar de otro plato maravilloso que probé en no se donde, o del mercado de tal. ¡Es un no parar!

P- La mejor receta-souvenir que has enganchado a tu nevera al volver de un viaje…

R- Uyyy, pues solo una es difícil. Creo que la salsa satay. Una salsa para brochetas de carne, hecha con cacahuetes, muy popular en Indonesia pero que se come en toda Asia. La aprendí en un curso de cocina en Ubud, la “capital cultural” de Bali ¡y me fascinó! Por cierto, tengo que volverla a hacer ¡Mmmm!

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