facebooktwitter google-plusinstagrampinterest

ye cocina marcel juan ainhoa nagore
Compartir —

El fondant

Por:

El fondant es una pasta elaborada con azúcar, agua, gelatina y glicerina que hace unos años se encontraba casi exclusivamente en tiendas especializadas en productos yanquis, pero que ahora puede comprar cualquier hijo de vecino que quiera decorar un pastel para su tía. Tenemos fondant de colores, fondant blanco que se puede teñir y, para los que tengan más moral que el alcoyano, también existe la posibilidad de hacerlo en casa, derritiendo nubes de golosina y añadiendo azúcar glas como si no hubiera mañana.

el fondant 1

Pastel de cumpleaños decorado con fondant

Y por si no lo habéis notado hasta ahora, tengo grandes problemas con el fondant.

No, no se trata de un ramalazo tradicionalista, ni mucho menos de postureo modernil para llevar la contraria. No es mi estilo ir en plan anti mainstream – anti globalización, ni poner el grito en el cielo porque sea una moda importada directamente de los Estados Juntitos, fomentada por programas (estupendos) de televisión como Amazing Wedding Cakes (aquí Súper tartas de boda) o Ace of Cakes (aquí Dulces e increíbles) y las locuras temáticas que se marcan a base de toneladas de fondant. Son capaces de reproducir el DeLorean de Regreso al Futuro, una máquina de coser con todos sus detalles y cositas, e incluso una guitarra que parece bastante real. Molan todos y claro, luego llega el cumpleaños de una y por mucho amor que le pongan en la pastelería pintando tu nombre con chocolate sobre una tarta san marcos, pues sabe a poco ¿no?

Sigamos con mis problemas con el fondant… No, tampoco es que me haya entrado una manía sanota en contra de todo lo que lleve azúcares procesados, aditivos y colorantes, o no venga con la etiqueta de ‘artesanal’, ‘integral’, ‘biológico’ o ‘elaborado exclusivamente con algarrobas mágicas de una reserva naturista por abuelas clarisas del paleolítico superior’. Que no, que yo estoy muy a favor del azúcar en general y de la transgénesis en particular, y no me importa nada en absoluto que el fondant sea una bomba calórica de colorines.

el fondant 2

Tarta decorada con motivos marinos

Y a estas alturas pensaréis ¿Pues qué problema tienes tú con el fondant, alma de cántaro? Pues que la susodicha plastilina comestible, en el mejor de los casos, no sabe a nada y, en el peor (o más habitual), está mala. M-A-L-A. La mayoría de personas que se enfrentan a un pastel con fondant lo primero que hace es separarlo del bizcocho, porque es cierto que eso no hay quien se lo coma. No me lo como ni yo, que soy la persona más glotonuzca que conozco.

Sinceramente, me parece un desperdicio. No solamente porque se tira comida, sino porque te pasas un buen rato amasando y trabajando el puñetero fondant, sufres lo indecible para moldear las formas y/o cubrir el bizcocho sin que queden irregularidades y luego la única satisfacción que te queda es que la foto guste mucho en el Facebook o que le quede bonito el filtro de Instagram, porque ya te digo yo que los comensales se van a pasar el fondant por la Sagrada Familia.

Eso si le pones un poco de gracia y/o has hecho un curso cuiqui de decoración de pasteles con fondant un sábado por la mañana, porque si eres un amateur sin estilo tienes todos los números para que te salga un truño de colores, que seguramente te parecerá resultón, pero que más que filtros de Instagram necesitará un milagro. Y además te habrás gastado un pastón, porque el fondant ni siquiera es barato.

Pues eso. En algún momento decidimos preferir que un pastel quede bonito a que quede bueno y no entiendo por qué, habiendo vida más allá del fondant en forma de mantequilla y nata.

-

*Las imágenes de este artículo tienen licencia creative commons con algunos derechos reservados por Apuch y Rexness.

Comentar



2013
Diseño — Todojunto