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Trabajar y comer bien es posible

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A los profesionales del audiovisual, algunos amigos periodistas nos han bautizado ‘El sindicato del cable’. Afirman que somos barbudos y vamos de negro, que ocultamos bocadillos de tortilla de patata de antes de ayer en la riñonera, que olemos a largas horas de trabajo y cargamos con imponente maquinaria pesada que nos destroza las lumbares. No les falta razón. Pero algunos no tenemos barba y no queremos comer un triste bocadillo de tortilla para aguantar los rodajes. Tenemos, aunque no lo parezca, un cierto paladar.

Me presento, soy Carla, soy realizadora y socia en la productora Camille Zonca. También soy una gourmet sin remedio y una obsesa por la cocina. Hace poco, mi amiga Natalia y yo abrimos el blog Maldito Estómago para compartir con nuestra gente años de sabiduría culinaria. Como comprenderéis, el asunto no es fácil dedicándome yo al audiovisual. Una pregunta me tortura desde siempre: ¿son mis dos pasiones, comer y trabajar, antagonistas? ¿Deben estar reñidas obligatoriamente? Y eso nos lleva a abismos más profundos: ¿Es necesario que los rodajes low cost incluyan parada para repostar en menús baratos sin gracia alguna? Llevo años luchando en la sombra para que no sea así. Esa es mi lucha.

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Hora de comer en la productora Camille Zonca

Aún recuerdo con horror el catering de la serie Projecte Oracle. Fue nuestro primer proyecto como productora y eran literalmente cuatro chavos de presupuesto: hacíamos lo que podíamos. El Nostrum y su menú para llevar de 4 euros nos parecieron la salvación, hasta que abrías la tapa de plástico y comprendías que un bocata era mejor que aquella mezcla de elementos sin sabor. Un día tuvimos a bien innovar y comprar en la Sirena platos precocinados y baratitos que solo había que calentar en el microondas. Nadie cayó, olé nosotros, que siendo 20 personas, y a cinco minutos de microondas por plato, el asunto se nos iría a dos interminables horas de parada para la comida: imposible para un rodaje. Y no se pudo hacer antes porque los Señores del Audio miraban mal a la productora cada vez que se acercaba al microondas. Un infierno. Aquello acabó por solventarse (¿?) con el Pollos Llull, un garito de pollos a l’ast, al lado de la productora, que nos proporcionó alegría y grasa en dedos y LCD a partes iguales.

A lo largo de nuestra vida laboral, los rodajes en exteriores tampoco han sido mucho mejores. Siempre se dio la lucha entre la caza y captura del antro más barato para producción y el menos malo para realización. Así negocio yo: no me castigues, dame algo bueno y seré capaz de rodar otras ocho horas; pero, por tus muertos, dame algo decente. Ahora que me he convertido en productora ejecutiva de nuestras propias producciones, afronto personalmente el asunto. Activo mi olfato, husmeo furtivamente los alrededores de una localización, pregunto a sus gentes cuando nadie me ve y sugiero sitios que me recomiendan los lugareños exprimiendo al máximo la logística. No se puede perder tiempo, lo sé, pero hay rincones donde sirven cosas dignas de ser llamadas comida.

Luego están los días de la oficina, esos días de plácida cotidianidad en los que aflora el sospechoso tupper de la noche anterior.

Llevo tiempo intentando cambiar la concepción de que en un tupper también pueden guardarse deliciosas combinaciones de alimentos, contra todo pronóstico. Por ejemplo, son muy bienvenidas las ensaladas de legumbres con tomate, zanahoria y queso fresco, los purés de patata, coliflor con provolone, las cremas de verduras, sopas y escudellas o si te pones sofisticado, la quinoa o cuscus con verduritas o los estofados de carne con patatas. Mi socia Aïda ha desarrollado muchas habilidades en este sentido: últimamente triunfa su sopa de cebolla con queso o su col trinchada.

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Cocina con hornillo en Camille Zonca

Además, en Camille decidimos dar un salto cualitativo en pro de un mundo mejor e invertimos en un hornillo. Un simple hornillo de 25€ te cambia la vida alimenticia en una oficina. Desde entonces la pasta fresca al pesto se ha convertido en nuestro menú corporativo. Incluso alguna vez se han visto risottos, noodels, sopas y empanadillas. Nuestro coworking, en efecto, avanza sólidamente del Mc Donalds al Bulli.

Recientemente ha llegado un productor nuevo. Se llama Pau y no oculta su satisfacción al abrir latas de espárragos y añadir sal a sobres Sopinstant. No le juzgo. Sé que en él se esconde un auténtico soldado del cable y muy pronto aprenderá que la única cosa que puede tumbar al buen guerrero es su maldito estómago.

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