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Las maletas de Prada

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A propósito del estreno de ‘El Gran Hotel Budapest’, caigo en la cuenta de que ya son muchas las películas donde el director tejano Wes Anderson viste a sus personajes o decora sus inimitables Tableaux Vivants arropado por una marca. Si en ‘Los Tenenbaums’ Ben Stiller y sus hijos iban uniformados con un icónico chándal rojo de Adidas, en ‘Life Aquatic’ el equipo comandado por Bill Murray calzaba las deportivas y exclusivas Adidas Zissou. Más tarde llegarían las maletas de Louis Vuitton en ‘Darjeeling Limited’, que en su última película aparecen de nuevo, esta vez de Prada.

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Fotograma del film ‘Life Aquatic’

Curioso ejemplo de Product Placement, el de un icono de lo independiente, de una libertad creativa inusual, que utiliza la moda para definir a sus personajes. Un chándal o un juego de maletas sirven al cine de Anderson para sumergirnos en un universo muy personal, un mundo de cajas chinas, muñecas rusas y cuentos adultos en stop-motion. Está claro que a Anderson la moda le importa y es consciente de lo que puede aportar a sus películas.

El caso de Anderson es significativo, cuanto menos por la forma en que incorpora la moda y lo Cool. Esto es algo que ha ido en aumento en sus últimas películas. Sus primeros pasos eran más genuinos, más reales, más austeros. ‘Bottle Rocket’ o ‘Academia Rushmore’ son tanto o más andersonianas que las que siguieron, pero reside en ellas una inocencia y una pureza que más tarde se rompería. El Max Fisher de ‘Academia Rushmore’ es un outsider, un enfant terrible, una extensión del propio director. Es el Antoine Doinel de Wes Anderson, pero sin estar patrocinado por ninguna marca. Max Fisher no iba desnudo, y su vestuario, maletas y calzado lo definían como el dandy inclasificable que es.

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Fotograma de la película ‘Darjeeling Limited’

Aunque ‘El Gran Hotel Budapest’ sea seguramente su proeza narrativa más lograda hasta la fecha, con el permiso de ‘El Fantástico Señor Fox’, queda claro que el peso de la moda en la filmografia de Wes Anderson es sustancial y coherente, pero etiquetar a los personajes con una marca acaba por resultar simple y vacío. Esto demuestra que la estética por la estética a veces no basta. La forma por la forma resta. La paradoja es que la búsqueda de una caligrafía cinematográfica, de un estilo inimitable, puede quizás vaciar una obra, dejarla sin alma, como sucede en algunas de sus películas mas irregulares en particular, y como se desprende del rostro más frívolo de la moda en general.

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