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el origen del mal fashion film
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Para lo Fast, el Slow

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La historia de la moda está ligada a la historia del individualismo, el cambio y la extravagancia. La revolución industrial dio al mundo la capacidad de ir a toda marcha. Más productivo, más eficiente, más rápido han sido consignas fundamentales de un sistema que, de muchas maneras, hoy se prueba ineficiente e insostenible.

El siglo XX dio a la moda la capacidad de expandirse, de penetrar física y culturalmente muchas esferas de la sociedad. El oficio del sastre se convirtió en una profesión deseada, los diseñadores se convirtieron en creadores de sueños y fantasías, los pequeños talleres se convirtieron en grandes empresas y los desarrollos tecnológicos y la globalización llevaron a la moda a ser una de las expresiones culturales más estimulantes. La moda nos enseñó a vivir el instante, a desear la novedad y liberarnos de las leyes y los dogmas del pasado.

Estas narrativas culturales están desactualizadas e incluso han dejado de ser válidas. La moda, como sistema, es una de ellas. No siendo suficiente con el prét-à-pôrter y la democratización de la moda, nos inventamos el Fast Fashion: no hemos terminado de encariñarnos con algo y ya necesitamos uno igual pero más nuevo. La velocidad nos ha hecho abandonar el disfrute, la apreciación y la consciencia. Hemos olvidado que el estilo es una expresión del individuo, un acto creativo que hacemos para nosotros mismos y para los demás.

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Imagen de la serie fotográfica ‘The World is Full’, de Camilo Echeverri

Pero los problemas que conlleva el Fast Fashion no son sólo de quienes fabrican prendas efímeras, explotan recursos, desestabilizan sistemas y abarrotan tiendas en las calles de todas las ciudades del mundo. El problema es de todos como consumidores y no basta con estar de acuerdo, hay que ir a la práctica. Hay que ser conscientes y no ser víctimas de la mediatización de los deseos. Hay que parar y respirar. Como dice Lipovetsky: ‘El consumo debe servir a un fin y no ser un fin en sí mismo’.

El dinamismo económico necesita existir. No pienso que se trate de cerrarlo todo y volver a empezar, pero es hora de una aproximación más responsable, de tomarse el tiempo para deleitarse, de adquirir piezas que perduren en el tiempo, que cuenten historias y se conciban en cadenas de producción más sostenibles.

Igual que pasa con el fast food, detrás de una prenda producida por el Fast Fashion hay una cantidad inmensa de hechos desafortunados, de los que somos parte cada vez que nos vamos a casa engañados, creyendo que pagar 10 € por una camiseta es haber ganado. Nadie gana, todos perdemos. En palabras de Suzy Menkes: ‘Hay algo que moralmente no está bien cuando pagas lo mismo por un traje de baño o un vestido que por un cappuccino’.

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Imagen del fotógrafo colombiano Camilo Echeverri (www.camiloecheverri.net)

Es hora de pagar más y consumir menos. Es hora de comprar local, de repensar nuestros hábitos de compra y recordar que lo imprescindible son aquellas cosas que verdaderamente trascienden con nosotros. Es hora de ir más despacio. Poder expresarnos, poder ser escuchados y hacer parte del cambio. No son sólo nuestras posibilidades dentro de la nueva modernidad, son también nuestros deberes. Exigir cambios tangibles y modificar la escena consumista ya no son más utopías. Está en nuestras manos pensar a largo plazo, en los ciclos de vida de todo aquello que consumimos, porque este sistema de moda es excesivo. Necesitamos recuperar la autenticidad y las cosas por las cuales la moda es grandiosa (al menos desde mi punto de vista): la expresión de uno mismo, la diversión y el disfrute de la belleza.

El futuro del Fast Fashion aún se está escribiendo, pero a mí me gusta pensar que, como yo, hay gente que ya se está cuestionando, tratando de replantearse su actitud hacia la moda y la manera como nos dejamos influenciar por un fenómeno tan poderoso. Es un futuro incierto pero, como bien dijo uno de mis grandes amigos esta semana, lo único claro del futuro debe ser necesitar menos.

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2 Comentarios

  1. Por —
    Charo Vargas
    Fecha —
    24 / 04 / 2014

    Absolutamente de acuerdo. Slow life, por favor.

  2. Por —
    Fernando Gómez Restrepo
    Fecha —
    26 / 04 / 2014

    Maravilloso texto.
    Lo comparto plenamente.
    La manera más sólida de ser ambientalmente responsable es producir con calidad para ciclos funcionales más prolongados.

2013
Diseño — Todojunto