facebooktwitter google-plusinstagrampinterest

javier-tejeraBN2
Compartir —

“Cuando un destino comienza a anteponer los intereses y las necesidades de los turistas por encima de los residentes, entonces tenemos un problema”

Por:

Todo puede ser sostenible. La ecología va mucho más allá de la simple protección del medio ambiente; estudia a los seres vivos en su conjunto y la interacción que surge entre ellos y su entorno. Javier Tejera se formó en turismo y periodismo. Su trayectoria profesional siempre ha ido acompañada de una reflexión profunda sobre el acto de viajar, de relacionarnos con los lugares y las sociedades que visitamos. Fruto de esa inquietud creó Ecotumismo, un portal divulgativo sobre turismo responsable.

P- ¿En qué momento nace el acto de viajar como motivación ligada al ocio y por qué surge esta necesidad?

R- Parece que el acto de viajar es algo inherente a la condición humana y una necesidad imperiosa sin la que podemos vivir, pero es una cuestión con una dimensión relativamente reciente. No hace falta rebuscar muchos datos, tengo 31 años y basta con preguntar a nuestros abuelos, dos generaciones atrás, para darnos cuenta de que muchos de ellos apenas salieron de su pueblo o de su territorio más cercano en toda su vida. Y si lo hicieron fue ya gracias a los viajes del IMSERSO con la jubilación. Sus padres y sus abuelos ya ni te cuento…

En términos globales, se podría decir que la industria turística nació en los años 50, primero como algo sólo accesible a las clases más pudientes y poco a poco, con la democratización de los viajes, la bajada de precios y sobre todo el boom del petróleo y por consiguiente el combustible barato para hacer también más barato el transporte, las clases medias fueron accediendo al turismo.

P- ¿Viajar está cada vez más al alcance de todos o, por el contrario, continúa siendo un indicador de desigualdad social?

R- Hace unos años hubiese dicho que el viajar sí que está cada vez más al alcance de todos, aunque era algo un tanto irreal. Hoy en día la crisis económica hace que nos replanteemos todo tipo de indicadores y es evidente que, ante una situación de apuro económico, los viajes son uno de los primeros gastos que se pueden suprimir, así que en ese sentido sí que puede ser un factor de desigualdad social. De todos modos, hay viajes y viajes, a veces parece que cuanto más lejos y más caro mejor, pero eso no deja de ser una forma artificial de aparentar. Viajar a destinos cercanos de proximidad no sólo puede ser más económico y por tanto más accesible a más gente, sino que además es más sostenible, ya que conlleva desplazamientos inferiores, con la opción de medios de transporte menos contaminantes que el avión y por tanto con una huella ecológica inferior.

P- El aumento exponencial del número de viajes ha dado lugar a lo que hoy conocemos como turismo de masas. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

R- Esa entrada de capas medias de la sociedad que mencionaba antes es precisamente el origen del turismo de masas, tal y como lo conocemos hoy en día. Sólo basta con ver ese crecimiento exponencial en cifras. De los 20 millones  que se contabilizaron en 1950 se ha llegado a superar la histórica cifra de 1.000 millones en 2012 y, según la Organización Mundial del Turismo, se estima superar los 1.800 millones en 2030. A toda esta gente hay que meterla en algún sitio y de ahí la proliferación de muchos destinos por todo el mundo que parecen estar cortados por la misma tijera. Es la producción en serie llevada al extremo turístico y no hace falta sino darse un paseo por los paseos marítimos de Lloret de Mar, de Benidorm, de Benalmádena y de Maspalomas en Gran Canaria para tener la impresión de que estamos casi en el mismo sitio, de ver los mismos patrones. Son las consecuencias de ese crecimiento tan descontrolado.

P- Últimamente se habla mucho de Venecia, la ciudad permanentemente amenazada por la laguna en la que se encuentra, que ahora se ve ahogada por la masificación turística, la especulación y la corrupción. ¿Casos como este son ya irreversibles?

R- El caso de Venecia es muy paradigmático. Probablemente, con los condicionantes en los que está sumergida, nunca mejor dicho, es muy complicado de revertir. Hace poco se ha estrenado un documental, “El síndrome de Venecia”, que es una muestra de las presiones turísticas que sufre la ciudad y de las protestas de la población local, que se suceden continuamente. Me temo que, en este contexto, hablar de revertir la situación implica muchos condicionantes, empezando por la predisposición de todos los actores implicados, desde la administración hasta las empresas o la población local, pasando por los propios viajeros. Hay demasiados intereses por medio y malas prácticas muy interiorizadas.

venecia

Panorámica de la ciudad de Venecia.

P- La presión provocada por los 22 millones de turistas anuales que recibe Venecia está obligando a los vecinos a abandonar la ciudad. La despoblación, el éxodo por causa de la explotación masiva del turismo ¿es un fenómeno muy común en las ciudades europeas?

R- Lo que está sucediendo en Venecia en mi opinión es el caso más extremo. Sus calles aparecen abarrotadas de turistas, de todas las nacionalidades y con escasa presencia de ciudadanos locales. No es sólo que reciba 22 millones de viajeros cada año, sino que su población apenas llega a los 57.000 habitantes. Casi 386 turistas por cada veneciano… eso es un disparate, la capacidad de carga turística en el plano social no es que esté sobrepasada, es que ha sido totalmente aniquilada. Se calcula que en 2030 no quedará ningún residente en el centro histórico y el bombardeo de cruceros es constante, en una ciudad con un peso histórico y cultural imponente en el Mediterráneo que, hoy en día, ha sido colonizada por el turismo, convirtiéndose en un escaparate hecho para el visitante. Sin llegar a ese nivel, aunque a este ritmo todo se andará, hay otras ciudades europeas como Roma, Barcelona o Praga, que pueden mirarse en el espejo de Venecia perfectamente. Cuando un destino comienza a anteponer los intereses y las necesidades de los turistas por encima de los residentes, entonces tenemos un problema.

P- En Barcelona se acaba de constituir “El front de resistència turística”, una plataforma nacida en el distrito de Ciutat Vella que quiere plantar cara a los excesos del turismo. ¿Es éste un claro síntoma de que Barcelona también está al límite?

R- Sin duda que es un indicador relevante y no es el único. El rechazo de la población local a todo lo que huela a turismo es un denominador común de muchos destinos de masas y Barcelona hace tiempo que lo es. Además, en el caso de Ciutat Vella confluyen otros factores recurrentes, ya que la mayoría de turistas que visitan Barcelona se concentran aquí, en el casco histórico. La presión turística y el mobbing inmobiliario han sido patentes desde hace mucho tiempo, primando la apertura de hoteles y echando a vecinos de toda la vida de sus casas. Apenas quedan negocios de toda la vida por el centro histórico, las franquicias y las tiendas de souvenirs lo copan todo. Hay espacios que directamente han dejado de ser parte intrínseca del día a día de la población local: 8 de cada 10 paseantes en la rambla son turistas. Que el souvenir más vendido en Barcelona sean los sombreros mejicanos dice mucho del tipo de turismo que se está generando en la ciudad.

P- Sin embargo, el Puerto de Barcelona ya planea construir una nueva terminal de cruceros… ¿oponerse a este tipo de infraestructuras es hacerle un mal favor a nuestra economía?

R- Muchas veces se trata de un problema de perspectiva, de tratar de engordar y engordar las cifras de visitantes a toda costa, cuando sería más conveniente procurar que vayan menos, pero de más calidad, no sólo que reporten más beneficios a la economía local del destino, sino que lleguen motivados por integrarse, por conocer un sitio naturalizado, no transformado para satisfacer sus intereses. Precisamente el turismo de cruceros no es el mejor perfil para procurar este cambio. Es un tipo de turistas que, digan lo que digan, no deja muchos beneficios en el destino. Viene con todo contratado, incluso en muchos casos las excursiones y visitas en tierra. Produce una carga ambiental y social que no compensa de ninguna manera.

Me parece que en Barcelona lo único que cuenta es engordar cifras y vender una imagen, que no siempre se corresponde con la realidad. El vídeo promocional de la última campaña “Living Barcelona” financiada por el ayuntamiento es una clara muestra de ello. La protagonista es una turista que en muchos casos se comporta como una residente, no se ve una clara separación entre un perfil y otro. El espacio urbano se presenta en todo momento como un objeto de consumo turístico, una perspectiva que lo dice todo, como se puede ver en el vídeo con los mercados o con tiendas “de toda la vida”. Sin embargo, precisamente una de las consecuencias del turismo masivo en el centro de la ciudad está siendo el deterioro de la función tradicional de los mercados. El de la Boqueria es un claro ejemplo, los precios están carísimos y cuesta mucho ver a residentes allí. En el caso de las tiendas y comercios de toda la vida, directamente están desapareciendo del centro de la ciudad.

parc güell barcelona

El acceso al Parc Güell de Barcelona es ahora restringido.

P- En las redes sociales abundan comentarios de personas que expresan la necesidad de que sus ciudades vuelvan a los 80, época en la que, dicen, se vivía mucho mejor. ¿Es una actitud lógica o egoísta desde tu punto de vista? 

R- Eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor me parece un tanto absurdo. No me parece que sea egoísta o no, un poco ilógico sí. Siempre habrá cosas mejores y peores pero lo que está claro es que el pasado, pasado está. Y lo único que podemos hacer es trabajar el presente para, en todo caso, tener un mejor futuro.

P- Las startup tecnológicas han entrado de lleno en el sector turístico ofreciendo servicios alternativos en dos ejes básicos: desplazamiento y alojamiento. Empresas como Airbnb, Bla Bla Car o Uber están en el punto de mira y se cuestiona su modelo de negocio. ¿A qué crees que se debe esta situación?

R- En primer lugar, se cuestiona desde una perspectiva sectorial. El sector hotelero o el de transportes no están por la labor de que llegue alguien de fuera a quitarles cuota de mercado y hasta cierto punto es entendible. Luego está el caso flagrante, sobre todo en grandes ciudades como Barcelona o Nueva York, de que plataformas como Airbnb están siendo utilizadas por particulares para lucrarse, ofreciendo alquileres turísticos no sólo en su casa, sino en muchas casas a la vez, lo cual no sólo es ilegal sino que además hace que la situación de masificación o la perjudicial interacción con los vecinos empeore.

Luego puede haber muchos matices. En Mallorca, que ahora mismo me queda más cerca, Airbnb no tiene tanta implantación como en Barcelona, pero sí que es cierto que hay mucha población local que alquila casas familiares a través de Home Away, House Trip o plataformas de este tipo. Las alquilan a costa de estar ellos para tener una entrada extra, una circunstancia que con la crisis se ha agudizado.

Puesto en una balanza el tipo de turismo que se genera en concreto con estas casas que se alquilan en muchas localidades de la isla, en comparación por ejemplo con el turismo all inclusive que se genera en lugares como Calviá, Magaluf o el Arenal, no hay color. Esta gente que viene a las casas suelen ser más tranquilos y más allá de su comportamiento, al final dinamizan mucho más la economía local. No sólo generan una renta por el alquiler a los arrendadores, sino que luego consumen más en el entorno, en supermercados, salen a comer, a cenar, alquilan un coche, se mueven más, etc. Los del all inclusive se quedan en el hotel y alrededores, al único que genera beneficio es al hotelero y con umbrales de rentabilidad que requieren muchos turistas, por lo que se incita a la masificación.

A partir de ahí, hay muchas lecturas intermedias… es verdad que los portales que se dedican a promocionar las casas cada vez están cobrando más comisiones, sin pagar los mismos impuestos que los establecimientos legales. También es cierto que no toda la oferta reglada son grandes hoteleros que se dedican a vender all inclusive, sino que por el medio también hay pequeños empresarios o iniciativas familiares (sobre todo ligadas a una minoría de agroturismos), para los que no deja de ser una competencia desleal.

En cualquier caso, desleal según se mire, porque el agroturismo que sólo vende una cama sin más lo tendrá complicado en esta tesitura. El que vende un auténtico agroturismo con oferta complementaria a esa cama, tendrá un valor añadido con respecto a la casa o a la finca de alquiler turístico, con lo cual el que decide en última instancia sobre qué vacaciones quiere es el turista.

A nivel de compartir transporte, el tema del peer to peer es súper interesante en términos de reducción de la huella ecológica y demás, pero también se da la misma circunstancia a nivel de falta de regulación y de ganancias por parte de unos intermediarios que no trabajan por el amor al arte.

P- En los últimos años han surgido nuevas fórmulas que reivindican el turismo como actividad vinculada al bienestar de las personas y al contacto con la naturaleza. Cicloturismo, turismo de aventura, oleoturismo, enoturismo, turismo gastronómico, turismo geológico, turismo de salud… ¿son una moda, una estrategia cosmética de marketing o una apuesta sólida y real de reconversión del sector? 

R- Hay de todo. Hay quién lo hace como estrategia de marketing y hay quién lo hace de forma real y ahí es donde debe entrar el espíritu crítico del turista a la hora de identificar una cosa o la otra. Es verdad que existe un interés creciente por parte del consumidor turístico, sobre todo desde algunos países europeos, por este tipo de propuestas. Y también es verdad que hay mucha gente que se está reinventando para tratar de captar a este perfil, eso no tiene por qué ser malo de por sí. También hay muchas propuestas auténticas, que desarrollan modelos de gestión en esta línea como filosofía de vida, más que como negocio turístico. Cuando llegas y conoces una iniciativa de este tipo, se distingue a la legua que se trata de algo natural y real.

javier tejera 6

Javier Tejera, fundador de la asociación Ecotumismo.

P- ¿Qué es para ti el ecoturismo?

R- Para mí el ecoturismo es algo que va más allá del turismo en contacto con la naturaleza. Implica obviamente prácticas turísticas medioambientalmente responsables, que produzcan una interacción positiva con el entorno, desde el respeto de la capacidad de carga ambiental del lugar visitado, de manera que la presencia de turistas no interfiera ni en la flora, ni en la fauna, ni en los procesos naturales. Al mismo tiempo, aunque esto no siempre es así, también se debe tener en cuenta el plano cultural y etnográfico, poniendo en valor y respetando las manifestaciones culturales pasadas y presentes del destino visitado, concibiéndolo como un todo.

El ser humano ha tenido que convivir a lo largo de la historia en perfecta sintonía con la naturaleza, sobre todo porque su supervivencia dependía de ese respeto y ese equilibrio. Descubrir y valorar esa perspectiva, en interrelación con el patrimonio natural de un lugar, es todo un valor añadido en el ámbito de un producto ecoturístico. No hay que olvidar, además, el papel necesario que debe jugar la comunidad local del destino en cuestión, haciéndoles partícipes tanto en el qué como en cómo y, por supuesto, en la redistribución de la riqueza que se pueda generar con la actividad turística.

P- ¿El turismo rural se ha mantenido durante todo este tiempo al margen de la explotación masiva que ha sufrido el sector turístico? ¿Cómo ha sido su evolución?

R- En líneas generales, la evolución del turismo rural al menos en España ha sido caótica y desordenada. Los orígenes se remontan 25-30 años atrás, en un contexto social y demográfico marcado por el progresivo abandono poblacional del medio rural en las décadas anteriores, buscando en la ciudad las oportunidades que escaseaban en el campo.

El turismo rural surgió en esas circunstancias como una tabla de salvación a la que agarrarse, como una alternativa para fijar población, crear empleo y complementar rentas agrarias. Ya por aquel entonces, y sobre todo en la década de los 90, se promovieron durante años subvenciones y ayudas con fondos públicos, sobre todo venidos de la Unión Europea, con la excusa populista del desarrollo rural y de la recuperación de zonas despobladas y deprimidas, con una escasa efectividad al analizarlas con un poco de perspectiva temporal. Muchos aprovecharon la coyuntura para abrir establecimientos o reformar la casa familiar en el campo gracias a las subvenciones, sin ningún control ni estrategia a largo plazo.

Durante años hubo, por tanto, un crecimiento exponencial del número de casas rurales, sin mayor planificación que el propio crecimiento y sin tener en cuenta a la demanda, que se ha mantenido estable en el tiempo cuando no ha caído. Con la caída de la demanda y la escasa incidencia del turista internacional dentro del segmento rural en España, la situación se ha destapado como insostenible.

P- En uno de tus artículos titulas “las experiencias en turismo se encuentran, no se venden… se sienten, no se crean” pero ¿no da la impresión de que cada vez más los destinos se venden como parques temáticos de experiencias?

R- El caso del turismo rural viene perfecto con esta pregunta. Después de pasar a la desesperada por guerras de precios y por un cambio de tendencia que apunta hacia el cierre de casas rurales, ahora vivimos en el boom de las experiencias y de la necesidad de vender algo más al turista. Se trata de una coyuntura de doble filo, ya que no se trata de crear experiencias de la nada, sino de transmitirlas, de sentar las bases para que esa experiencia surja de forma natural de la interacción entre el turista y la población local, no de forma artificial o forzada.

Según la RAE, entre otras acepciones, una experiencia es un conocimiento de la vida adquirido por las circunstancias o situaciones vividas. Si el turismo o un destino generan conocimientos positivos de este tipo a los turistas, bienvenidas sean. El problema viene cuando todo es fruto de un decorado y las experiencias que se pretenden transmitir están, en realidad, vacías de contenido.

litoral mallorca

Vista del litoral de Mallorca.

P- Naciste en Canarias y vives en Baleares, dos de los mayores destinos turísticos no solo de España, sino del mundo. ¿Vivir aislado en una isla es misión imposible?

R- Hoy en día, con las nuevas tecnologías y todos los canales de información que tenemos es realmente imposible. Y teniendo en cuenta que hablamos de dos destinos turísticos punteros a nivel internacional, de aislamiento, más bien poco. Más allá de eso, para mí vivir en una isla implica libertad, aunque cada vez que se lo digo a alguien que no es isleño me mira raro. Estar rodeado de la inmensidad del mar a mí me da tranquilidad, paz y una sensación de liberación.

P- ¿Sientes que tu labor diaria contribuye a mejorar las cosas?

Yo al menos intento estar satisfecho conmigo mismo y que todo lo que haga tenga un sentido, que vaya en consonancia con mi modo de ver las cosas, aunque eso a veces conlleve caminos más largos y complicados. Al menos en mi entorno más cercano intento que sea así.

Links Javier Tejera      Twitter     Linkedin     Ecotumismo

Imágenes creative commons con algunos derechos reservados por MorBCN y anieto2k.

Comentar



2013
Diseño — Todojunto