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Putos libros

Por:

Septiembre de 1992, aula de quinto de E.G.B del colegio ‘Mare de Déu del Roser’, Ripollet, Barcelona.

Se sentía como Obélix cargando el menir. Tenía que poner las dos manos debajo de la mochila y echar todo el cuerpo hacia adelante para poder subir las escaleras que lo llevaban por primera vez al segundo piso. Un puñado de escalones altísimos y cortos que lo llevaban a la clase de quinto.

Los alumnos se amontonaban de forma anárquica en el minipasillo que contenía las puertas de acceso a las aulas. Decenas de batas blancas a la deriva. Como si San Pedro hubiese decidido dejar el cielo cerrado por unas horas y los fantasmas se agruparan sin rumbo en las puertas del paraíso. De esa melé preadolescente sobresalía la cabeza del Oso, un repetidor de séptimo. Un chico altísimo con un bigote que ya lo quisieran muchos adultos. Los rumores hablaban de lo enorme de sus genitales y de las palizas que, supuestamente, le daba su padrastro. Era incapaz de aguantarle la mirada después del incidente en el ‘patio de la fuente’ del curso anterior.

–Otro año aguantando al cabronazo –se dijo–. Ojalá estuviera en octavo y estos fueran sus últimos meses aquí.

Nueve en punto. El timbre del colegio.

Saca los brazos de las asas de la mochila y siente que todo el edificio tiembla cuando esta choca contra el suelo. Nadie más lo nota. La agarra e intenta subirla al pupitre. Entonces su piel se tiñe de verde y sus músculos multiplican su tamaño. La ropa se despedaza y se desintegra, quedándole tan solo los pantalones. Ya convertido en Hulk, consigue dejar la bolsa llena de libros y material escolar en la mesa. Por suerte, nadie se ha percatado de su metamorfosis. Podrá seguir manteniendo a su alter ego en el anonimato. ¡Bravo, Benja! Eres un tipo listo.

–Sacad todos el libro de lectura, con cuidado, sin dar golpes. Coged una libreta y un bolígrafo. Gómez, empieza a leer.

De profesión, fantasma‘ era un libro que Hubert Monteilhet había escrito a finales de los setenta y que narra la historia de John, un chico que se topa con un castillo y descubre la leyenda del fantasma de Arthur, un tipo que murió en ese mismo castillo tiempo atrás. El chaval se hace pasar por espíritu, creando un montón de situaciones rocambolescas y divertidas. Gracias a sus acciones, la fama del castillo encantado crece hasta el punto que un norteamericano forrado de pasta decide comprarlo, con aparición incluida. John sale de pobre y se convierte en fantasma de profesión.

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Una historia redonda. ¡Yupi!. Hasta aquí… todo correcto. Para el resto de alumnos, se trataba de un libro más, editado por El Barco De Vapor y algo más extenso que los del año anterior. Nada trascendente. Él no pudo evitar llevarse las manos a la cabeza al ver que entre sus doscientas páginas apenas había ilustraciones.

–Los dibujitos en los libros se han acabado –decía la profesora–. Ahora sois mayores.

–¡Y una mierda! –Pensó–. Los tebeos tienen más dibujos que letras y mi padre los lee… y es mayor ¡Vaya si lo es! Bigote poblado y genitales gigantes, mucho más que los del Oso (que, os recuerdo, ¡tendría que estar en octavo!).

Al llegar a casa busca los libros ‘para mayores’ de sus padres que, como lectores, eran más bien mediocres. En la pobre biblioteca de la familia es incapaz de encontrar uno de los gordos que tuviera ilustraciones.

–Si quieres dibujos pilla un tebeo, ¿no? –Decía el padre.

–Esa no es la cuestión, papá –Pensaba él–. La cuestión es si los dibujos son cosa del pasado y nunca más me tocará leer un libro de lectura que tenga un montón de ilustraciones que copiar, pintar o intervenir. La puta cuestión es si tendré que batallar con ese montón de letras a partir de ahora.

                                                                                  ***

Más o menos, así es como me convertí en un pésimo lector, como mis padres. Si no es por las biografías musicales, las revistas y los comics, creo que no sabría leer. Ya sabéis, las clásicas excusas… ‘Me cuesta mantener la concentración’. ‘Me gustan más la pelis’. ‘Leo una página y como no me entero tengo que volver a leerla’. ‘No avanzo’. ‘No tengo tiempo’… Bla bla bla.

Tarantino dijo una vez que la revolucionaria estructura narrativa de ‘Pulp Fiction‘ estaba copiada de las novelas. ‘Blade Runner‘, ‘El club de la lucha‘ y ‘Alta fidelidad‘ (por citar tres películas que me flipan) están basadas en libros. Edgar Allan Poe ha influenciado a dibujantes de comics, músicos y directores de cine. Creo que toda la mierda que disfruto consumiendo viene, de alguna manera, afectada por los putos libros. ¡Yo he escrito un jodido libro de relatos!

Discutamos sobre digitalización, papel, formatos, plataformas y librerías. Pero, por favor, mantengamos viva la industria que hace que mi director favorito siga haciendo pelis cojonudas.

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