facebooktwitter google-plusinstagrampinterest

en-busca-del-tiempo-perdido-DEF
Compartir —

En busca del tiempo perdido

Por:

La literatura y el cine siempre han mantenido un diálogo abierto, a veces secreto, y hasta alguna discusión ¿Cuántas veces habremos oído saliendo del cine aquello de ‘el libro es mejor’? Lamentablemente, volveremos a escucharlo alguna vez más al abandonar las butacas de una sala, irritados, agredidos, golpeados por la necedad. Tantas veces como se haya dicho, merecen ser guillotinados todos aquellos que, comparando literatura y cine, se atreven a proclamar un vencedor. Esto no va de qué es mejor o peor. ¿Para qué competir?

¿Acaso es ‘Eaux d’artifice’ de Kenneth Anger menos poesía que ‘Las flores del mal’ de Baudelaire? ¿O es la reciente ‘Boyhood’ menos realista, naturalista y penetrante en las grietas del tiempo que ‘En busca del tiempo perdido’ de Proust o el ‘Ulises’ de Joyce? ¿Qué sería de Kubrick sin la literatura, o de Polanski y tantos otros? Y a la vez ¿cuántas horas de arte total nos hubiésemos perdido? No existe debate, ni confrontación, por más que nos empeñemos. Dejemos que ambos vivan libres y en paz. Que vivan en paralelo y se mezclen cuando sea preciso, en esa obsesión por atrapar el tiempo.

Actualmente vivimos un momento bastante excitante al respecto de ese diálogo entre cine y literatura, y es que, si existen miles, casi millones de adaptaciones literarias, no son menos las referencias cinéfilas que han cristalizado en literatura.

Buen ejemplo de ello es el universo que inspira las obras de Fernández Mallo o Murakami. Y a pesar de que la literatura parte con siglos de ventaja, poco a poco iremos viendo como el cine devuelve a la literatura tantas ideas como esta le ha prestado. Ideas temáticas, pero también estructurales, narrativas, estilísticas y ¿por qué no? puede que hasta algún nuevo género.

la-venus-de-las-pieles-polanski-2

Fotograma del film ‘La venus de las pieles’, de Roman Polanski

Contar historias, emocionar, profundizar en personajes, satisfacer nuestra curiosidad, nuestros deseos. Todo ello es común y converge tanto en cine como en literatura. Los ejemplos se suceden y es difícil establecer los límites en el plano sensorial del espectador. Casi como una suerte de sinestesia, podemos perdernos en la percepción de lo vivido en ambos casos. Escuchar la música descrita en un libro, y oler un perfume del siglo XVI, vivir en el Londres de Dickens, y viajar a las ciudades imaginarias de Italo Calvino, vivir en el futuro, respirar en el espacio, resucitar. Y al final ¿qué tenemos?

Cine y literatura tratan desesperadamente de atrapar el tiempo. El cine lo esculpe, como diría Tarkovski. Y puestos a citar, como decía André Bazin, ‘El cine es un medio perenne, en el cual el hombre continúa la lucha contra la muerte, contra lo que se acaba, contra lo que tiende a desaparecer’. Es decir, el hombre lucha contra el tiempo y, cada vez que lo atrapa, que lo retiene, que lo paraliza para revisitarlo, es una victoria. El tiempo nos sacude, nos va agrietando poco a poco, lentamente hasta hacernos desaparecer, pero siempre quedarán esos pequeños milagros que son los libros, y las películas.

Comentar



2013
Diseño — Todojunto