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Uróboros

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Bien es verdad que no hay nada nuevo bajo el sol. Esto que voy a hacer yo también lo puedes hacer tú. Mira los estantes de esa librería y elige un libro al azar. Luego salta desde ese a cualquier otro. Comprobarás enseguida que, sean cuales sean, puedes establecer vínculos que los relacionen por su contenido. No importa que vayas hacia arriba o hacia abajo, a salto de caballo, o de manera transversal. Cuantos más libros hayas leído antes, más fácil te será emparentarlos.

Todo cuanto experimentes en primera persona ya fue vivido anteriormente por otros personajes y cantado por otros narradores. Nos reflejamos en sinopsis de vidas pretéritas, reales o ficticias, en sus precedentes y sus ejemplos. Aunque seas el cronista de tu existencia, no estás solo descubriendo el universo.

Los libros te acompañan en la construcción de un pensamiento propio y en la comprensión de las sensaciones nuevas. Tus opiniones personales son deudoras de conceptos que ya existían; porque toda sabiduría fluye desde manantiales previos, readaptada al tiempo presente en una inteligencia ancestral. La memoria de la civilización, que aloja su conciencia en los libros, recicla permanentemente los mismos sentimientos, los mismos pensamientos y la misma inseguridad.

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Imágenes de este artículo realizadas por el diseñador gráfico Gonzalo Cervelló

1.- Empezamos por una novela insólita, que comienza con un Lector (tú) descubriendo que el libro que acaba de comprar trae un error de imprenta. Decepcionado, se presenta en la librería para reclamar. Allí conoce a Ludmilla, La Lectora, que ha acudido por el mismo motivo. Juntos emprenderán una aventura en busca de un libro escurridizo, que se escabulle constantemente en un laberinto de historias que empiezan y se interrumpen sin cesar. Hablo de ‘Si una noche de invierno un viajero‘ de Italo Calvino.

2.- Dejamos ese atrás y saltamos a otro volumen. En este caso, es el anciano Adso de Melk quien narra cómo en su juventud, siendo discípulo de fray Guillermo de Baskerville, ayudó al venerable investigador a esclarecer un crimen que ensombrecía la convivencia en una abadía cisterciense. Juntos hallaron la pista de otro libro misterioso, este capaz de matar a quien lo leyese, custodiado en una biblioteca laberíntica. Hablo de ‘El nombre de la rosa‘, de Umberto Eco.

3.- Saltamos a otro Baskerville. Esta vez se trata de Sir Charles, cuyo cuerpo fue encontrado en el páramo de Devonshire, con señales de haber sido muerto por una bestia monstruosa. En esta ocasión, el propio caso construye el laberinto, recorrido con sus pesquisas por otra pareja de ilustres detectives: John H. Watson y Sherlock Holmes. Juntos descubrirán que la bestia no es más que un engaño perpetrado para despistarles. Hablo de ‘El perro de Baskerville, de Arthur Conan Doyle.

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4.- Saltamos del escenario de un crimen a otro, para visitar esta vez la casa de los Clutter, salvajemente asesinados por unos asaltantes. Otra ilustre pareja investiga el suceso, persiguiendo otro libro, que en esta ocasión aún no existe. Dos escritores llegaron a la pequeña comunidad de Holcomb, en Kansas, para entrevistar a los vecinos en sus casas y a los acusados en el calabozo. Truman Capote y Harper Lee no eran detectives, ni personajes de ficción. Ambos carecían de la fortaleza suficiente para mantenerse a salvo en el torrente emocional que acabó devorándolos. Cuando Capote publicó ‘A sangre fría, decidió que no volvería a escribir más.

5.- Saltamos a otra pequeña comunidad de vecinos, esta vez englobada en un mismo edificio, un laberinto que encierra un microcosmos completo de vidas cruzadas. Una obra coral de personajes encerrados en apartamentos, cuyas voces se alternan en un tablero de ajedrez. Hablo de ‘La vida instrucciones de uso, la gigantesca novela rompecabezas de Georges Perec.

6.- Saltamos a otro libro-laberinto, si cabe aún más descomunal, aquel que un oficial napoleónico halla en las ruinas del sitio de Zaragoza. En él, las hojas manuscritas narran el increíble viaje iniciático de Alfonso van Worden, donde aventura tras aventura, como trampillas que se abren súbitamente en el suelo, un relato contiene otro, y otro y otro y otro, como las matrioskas rusas. Llegado al punto límite, las historias se cierran en orden inverso, hasta que la última concluye. Idéntico a ‘Si una noche de invierno un viajero‘ es ‘El manuscrito encontrado en Zaragoza, de Jan Potocki.

7.- Saltamos a otra historia de historias, esta vez en la mansión de los Tallis, donde la pequeña Briony, de 13 años, que desea agasajar a su familia con su talento, prepara la representación de la obra teatral que acaba de escribir. A diferencia de Sherlock Holmes, su desbordante imaginación la llevará a malinterpretar los indicios que se le presentan, hasta el punto de dar a la policía un falso testimonio, que acabará por destruir su familia por completo. Hablo de ‘Expiación‘, de Ian McEwan. Donde de nuevo un relato contiene otro, como cajas chinas, en un laberinto de conexiones, en busca del perdón definitivo para su joven protagonista.

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8.- Saltamos a otra redención, tal vez la más sublime de la Historia. La del mejor amigo de Max Brod, que se refugiaba en la escritura como terapia contra su existencia insoportable, a quien guardaba todos sus manuscritos y que le pidió que destruyera en el momento de su muerte. Brod no cumplió la última voluntad de Franz Kafka y, al negarse a hacerlo, le otorgó la inmortalidad. Sus ‘Obras completas‘ solo ocupan un tomo en la librería y son el consuelo de todo lector que en algún momento se haya sentido perdido, minúsculo e insignificante.

9.- Saltamos a otro niño que, como Briony o como Kafka, encuentra en la literatura un santuario. Bastián Baltasar Bux, huyendo de sus compañeros abusones, entra en una misteriosa librería que semeja un laberinto. Allí encontró un volumen que parecía llamarle por su nombre y que no pudo evitar robar. Ese libro prodigioso, literalmente, acabó por adsorberlo dentro de sus páginas, encomendándole la misión de salvar de su inminente destrucción un mundo de fantasía. Hablo de ‘La historia interminable de Michael Ende, cuya portada, en todas las ediciones habidas hasta ahora, está ilustrada por un óvalo encerrado entre dos serpientes que mutuamente se muerden la cola.

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