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Colecciona, que no es poco

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Como buena procrastinadora cargada hasta las trancas de eso que llaman ‘first world problems’, cada año decido que cualquier cambio substancial en mi vida debe comenzar después del verano, en plan ‘curso nuevo, vida nueva’. Si no funciona, puedo retomar el asunto en enero, con el nuevo año, y si aún así no funciona, pues para algo se inventó el año nuevo chino, ¿no?

Desengañémonos, buena parte de nuestra economía se basa en el hecho de pensar (de forma totalmente ilusoria) que en septiembre o enero podemos convertirnos, de la noche a la mañana, en personas más cultas, creativas, sanas y disciplinadas. Las editoriales lo saben, porque son muy lentas para aceptar ciertos cambios, pero muy rápidas para adaptarse a otras cosas, oye, y es por eso que cada año nos inundan con coleccionables psicotrópicos para hacernos creer que nuestra vida tiene sentido, y para ganar dinero, claro.

Dedales del mundo, juguetes de antaño, abanicos, minerales rarunos, helicópteros de combate, kits para construir tu propio [poned aquí cualquier medio de transporte de la historia que se os ocurra] en miniatura, cursos de punto de cruz, de idiomas o de pastelería, casas de muñecas rústicas o cualquier mierda absurda que se os pase por la cabeza. A veces parece que el mundo se ha vuelto loco. Lo de los dedales es algo que yo no entenderé en la vida. Pues bien, sabed que detrás de cada colección se esconde un cuidadoso estudio de marketing que determina que hay un número suficiente de incautos que comprarán la primera entrega. También cuentan con un número dramáticamente menor, pero aceptable, de insensatos muy constantes que acabarán la puñetera colección. Esto significa que seguramente conoces a alguien que conoce a alguien que tiene por ahí un puñado de dedales, con su vitrina y su todo. Sí, lo sé, da miedo.

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No descubro la sopa de ajo si os digo que el primer número de cualquier coleccionable genera a las editoriales la mayoría de los beneficios. Lo más probable es que compres esa primera entrega y el soporte ‘de regalo’ que valía un eurete de nada, y la acabes tirando a la basura meses después, porque no sirve de nada tener un tocador y un espejo de pie de una casa de muñecas victoriana si no has sido capaz de adquirir el resto de la puñetera casa. ¿Qué pasó, piltrafilla? Pues pasó que:

1.- El quiosquero tenía el primer número pero no el segundo, porque el quiosquero es una persona sensata que sabe que no necesitas una casa de muñecas victoriana, ni una casa de muñecas rústica, ni una casa de muñecas de Hello Kitty. El quiosquero también es una persona sabia que sabe de qué va el negocio y que tiene espacio limitado en su chiringuito.

2.- El quiosquero tenía el segundo número, pero tu propósito para el nuevo curso de comenzar algo y acabarlo se ha ido a freír morcillas a la primera de cambio porque es evidente que no vas a dejar de ser una persona inconstante porque de repente haya amanecido un nuevo mes. O lo que es lo mismo: te olvidaste de comprar la segunda entrega. Podrías haberte suscrito para que te lo enviaran a casa, pero eres vago hasta para eso. No te mereces tener la colección completa de cascos en miniatura de Star Wars. Hazlo, o no lo hagas, pero no lo intentes, piltrafilla, no lo intentes.

3.- El quiosquero tenía el segundo número. Te acordaste de ir a comprar el segundo número. El precio del segundo número era el doble, o el triple, de lo que te costó el primero. Haces cuentas. Todas las piezas para montar tu velero de ensueño en miniatura te salen más caras que alquilar un velero un fin de semana. Decides que el propósito de no gastar dinero en cosas absurdas supera al propósito de construir algo en tu tiempo libre en vez de ver en bucle realities de reformas de casas.

No te preocupes. Seguro que en enero puedes comenzar otra colección de lo que sea. Durante unos días te sentirás mejor persona con tu decisión de culturalizarte mientras lees cuidadosamente los folletos que acompañan a tu recién adquirido primer ejemplar de grandes compositores/escritores/funambulistas/magos o la locura que se les haya ocurrido a los de marketing. Luego te olvidarás y tu vida estará vacía hasta que llegue septiembre otra vez.

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