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‘Hay que volver a aprender a leer’

Por:

El portal Dosdoce.com cumple 10 años. Una década realizando informes, sirviendo recursos y asesorando a los gestores culturales de la era digital. Dosdoce es un laboratorio que analiza el impacto de las nuevas tecnologías en la sociedad, ayudando a las industrias culturales a aplicarlas en sus sistemas. Sus estudios han abierto los ojos a muchos negocios, desde grandes editoriales hasta modestas startups, a la hora de conocer, comprender y asimilar todas estas innovaciones. Hablamos con su director, Javier Celaya, sobre su influencia en las industrias del libro y los profundos cambios de estrategia que se avecinan.

¿Está en peligro el hábito de la lectura o, por el contrario, se está diversificando en nuevas formas?

Verdaderamente, creo que nunca se ha leído más que hoy en día. Lo que sí es cierto es que leemos otras cosas, otros formatos, otros contenidos. Antes leíamos periódicos, libros y revistas divulgados desde el sector profesional. Actualmente también, pero menos. Leemos un montón de contenido creado por el usuario y disponible en la red. No estoy hablando de contenido pirata sino de contenido en abierto, con el que nos informamos, nos entretenemos.

Hasta hace poco, un libro solo nos pedía un poco de tranquilidad y tiempo para leerlo, pero parece que internet nos ha vuelto más impacientes y nos ha quitado capacidad de concentración. ¿Cree que la tecnología está alterando el proceso de la lectura?

Creo que no. Es cierto que hay estas escuelas de opinión que dicen que supuestamente estamos más distraídos, que no nos concentramos, que no profundizamos. Yo, en cambio, creo que simplemente estamos generando nuevos hábitos de lectura. A lo largo de la historia de la humanidad, siempre que ha aparecido un nuevo formato o soporte se han dicho todo tipo de herejías en su contra. Sucedió con la aparición de la imprenta e incluso con los primeros pergaminos.

Esta nueva manera de leer en pantallas es muy diferente a la lectura lineal en papel. Nos permite saltar de pantalla en pantalla, de enlace en enlace, de un texto a un audio y de un audio a un vídeo… pero la verdad es que todavía no hemos aprendido a leer correctamente de esa manera, seguimos aún con hábitos de lectura de la tecnología papel (el papel para mí es una tecnología). Pero vamos a leer completamente igual en cuanto a profundización, análisis y desde el punto de vista de la comprensión. Lo que pasa es que hay que volver a aprender esta nueva forma de lectura.

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La industria editorial parece arrollada por los avances tecnológicos que la obligan a adaptarse y replantearse las bases de su negocio. ¿Tiene una verdadera sensibilidad por la innovación o solo lo hace porque no hay más remedio?

La industria editorial aún no tiene ni las ideas claras ni el impulso suficiente. Es muy normal y muy humano. Toda la industria que hace décadas tenía montado un negocio muy sostenible (mi máximo respeto a todos estos editores del siglo XX que han conseguido hacer de nuestra industria del libro uno de las principales referentes a nivel mundial) ha visto como el tsunami internet ha arrasado con todo lo que no aporta valor y de repente desmonta y obliga a repensar y replantear todo.

No es que no sean inteligentes, o que no se enteren, pero el arraigo que tienen al papel (también las editoriales pequeñas e independientes) y el enorme esfuerzo que han hecho para crear esa industria, choca con la llegada de internet. Les obliga a cambiar de manera de pensar, de crear, de comercializar, de distribuir sus libros. No estamos programados humanamente para el cambio. Ha habido editores que han empezado a hacer el camino asumiendo esta nueva manera de hacer digital; hay otros que se han negado en bloque y van a morir con el papel; y otros que han nacido de la nada, nativos digitales, editores que ya empiezan 100% digital.

Nos ha tocado vivir estos primeros 30-40 años de cambio de ciclo y estos periodos son tan abruptos que dejarán a mucha gente fuera de juego. Solo aquellos que hayan asumido ese cambio de chip, que hayan entendido esa nueva era y que hayan empezado a hacer modificaciones en sus organizaciones, a crear ebooks y a promocionarlos en redes sociales y demás, sobrevivirán. Va a haber un futuro para los editores en digital, va a haber creadores que van a contar (pero lo van a contar de manera diferente) y va a haber lectores, aunque principalmente lo serán en pantallas.

¿El libro en papel impreso va camino de convertirse en un artículo de coleccionista?

Yo creo que sí. Va a ser un artículo de coleccionista y lo estamos viendo en formatos similares como periódicos en papel. Yo cada vez leo menos periódicos en papel, aunque me siga gustando. La experiencia de lectura de un periódico de papel para aquellas personas que lo hemos disfrutado es muy agradable, muy amable. Pero es que en Twitter estás teniendo la última actualización de aquello que estás leyendo en papel. Lo mismo va a pasar con los libros en papel. Seguirán existiendo, pero no van a tener presencia dominante en la sociedad.

La mayoría de personas leeremos en pantallas todo tipo de contenidos, como novela, no ficción, poesía o ensayo y de vez en cuando leeremos libros en papel. A mí, por ejemplo, la lectura en pantalla de una novela gráfica todavía no me satisface. Leer un ensayo, una novela en pantallas me parece idóneo. No echo de menos el papel para nada. Además puedo hacer un montón de cosas, como ampliar letra, subrayar, tomar notas o llevar esas notas a otro lado para utilizarlas para un artículo. Le veo mil ventajas. Pero a la novela gráfica, no. Pierde mucho en pantalla.

Va a ser eso. Los dos formatos van a convivir durante un tiempo pero, cada día más, veremos como el peso dominante de la lectura en pantallas se irá comiendo la lectura en papel y no hay más que bajar al metro de ciudades como Madrid, Barcelona o Bilbao y ver cada vez más gente leyendo en móviles, pantallas, tabletas, que personas con un periódico o libro de papel.

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Ahora nos cabe una biblioteca en el bolsillo, pero el soporte electrónico tiene muchas más prestaciones ¿Los autores se plantean sacarles provecho? ¿El futuro del libro conllevará una revolución narrativa también?

Yo creo que sí, pero el estilo o vocación de cada autor va a determinar si estará dispuesto o no a indagar y aprovechar todas las oportunidades que ofrece internet. En Dosdoce acabamos de publicar un artículo titulado ‘Como serán los libros en el siglo XXI‘ que explica una iniciativa llamada #YourFry, lanzada en el Reino Unido.

El escritor Stephen Fry ha cedido sus textos a la editorial Penguin Random House para su publicación en internet, con el objetivo de que los lectores hagan lo que crean oportuno: añadir imágenes, vídeos, sonidos, cortar, pegar… básicamente experimentar e innovar para que él, como autor, pueda beneficiarse de todas estas opciones que brinda internet. Mucha gente diría que el resultado de todo esto es un videojuego u otra cosa, pero desde mi punto de vista no es más que un libro que recurre a nuevas formas de contar historias igualmente válidas.

El libro transmedia es un híbrido entre formatos que amplía el terreno editorial hacia otras áreas. ¿Viviremos un boom de libros enriquecidos?

Sí, aunque al principio, no tanto. La humanidad tarda alrededor de 40-50 años a normalizar la transformación de un formato. Para que la imprenta se sacara de encima los pergaminos anteriores se tardó 50 años. Tardaremos medio siglo para conseguir que esta nueva manera de contar historias, más audiovisual, más interactiva, más participativa, suplante a la creación individual y en papel.

Mientras, convivirán ambas y veremos a autores consolidados de toda la vida que empezarán a innovar y a indagar en estos nuevos mundos pero, más interesante aún, aparecerán los nuevos autores del siglo XXI con historias para ser leídas, disfrutadas y compartidas en un entorno 100% digital. Para mí, ese tremendismo que defiende que si el papel desaparece, desaparece la literatura o la cultura, es absurdo. Vamos a vivir en la era de la cultura digital, ni mejor ni peor que las culturas anteriores, diferente, complementaria y que va a hacer que la humanidad siga enriqueciéndose con los creadores.

En España ¿la cultura de la piratería es reversible?

Para mí, el concepto con el que se está definiendo la piratería es erróneo. Por un lado, defiendo que al creador hay que compensarle debidamente. Pero estamos avalando el modelo anterior cuando sabemos que los creadores muy escasamente podían vivir de sus obras. En España, menos de un 1% de los escritores viven de sus creaciones. Por supuesto que tiene que haber unas leyes que protejan los derechos de autor y que eviten prácticas no autorizadas, pero la piratería no solo se combate con leyes, esa es la excusa a la que recurre el sector editorial.

Lo que debería hacer el sector es desarrollarse en el entorno digital. Crear una demanda, una experiencia de lectura en pantallas que sea tan accesible que la piratería prácticamente ni te merezca la pena. Todo eso con leyes de protección para que la piratería no crezca y se limite, pero siempre habrá alguien que, hagas lo que hagas, quiera piratear. Lo mismo pasó en el mundo analógico. Había gente que fotocopiaba libros.

En el entorno digital va a pasar lo mismo, pero hay que crear modelos de negocio, de acceso, de consumo, que verdaderamente sean amigables y asequibles para el usuario. Lo que no se debe hacer es, con la excusa de la piratería, salvaguardar el interés por el mundo analógico en vez de fomentar el que verdaderamente exista una demanda digital y un consumo digital. Yo creo que el día que el sector se dé cuenta que hay que crear una demanda digital fuerte, todo este tema de la piratería pasará a mejor vida.

Hay plataformas en internet que permiten saltarse los intermediarios, poniendo en contacto directo a quien solicita un servicio con quien lo ofrece. Esto abarata los costes y hace más participativa la relación. ¿Será este el espacio natural de convivencia entre autores y lectores en el futuro?

Aunque en teoría es verdad, o supuestamente verdad, que internet elimina intermediarios, si nos fijamos, no los elimina sino que los cambia. En el mundo del libro tradicional teníamos al editor, al distribuidor, al librero, hasta llegar al lector. Hoy en día, supuestamente desaparece el librero pero entremedio tienes a Amazon o plataformas similares. Intermediarios siempre va a haber, teniendo en cuenta que es muy difícil que las personas encuentren aquello que quieren en la gran inmensidad de contenidos que ofrece internet.

Siempre habrá algo o alguien que cribe, guíe, ordene, seleccione para que encuentres aquello que atienda mejor a tus intereses. Internet, más que eliminar intermediarios, reordena el sistema y establece otros nuevos, que pueden ser portales como Goodreads o Entrelectores, plataformas de distribución como Amazon o Apple, o también de autoedición. Intermediación siempre va a haber, pero menos visible.

Lo que sí es cierto es que internet permite por primera vez que una persona a través de su pantalla llegue directamente a conversar sobre la obra e incluso a intervenirla, tocarla, modificarla, enriquecerla, cambiarla y compartirla. El proceso de creación dejará de ser tan individual y surgirá una nueva generación de autores con creaciones más colectivas. Uno de los máximos exponentes de eso y una de las cosas más bonitas que han acontecido en internet es Wikipedia, donde un montón de gente de manera colectiva actualiza, agrega y pone en común el conocimiento que hay sobre un montón de materias, sin que nadie esté diciendo ‘ese texto es mío’.

Después de Gutenberg ¿el volumen autoeditado es la democratización editorial definitiva?

Sí y no. No le llamaría ‘democratización’ porque, como decía anteriormente, continuará habiendo intermediarios, incluso con mucho más poder que los anteriores. Amazon, que parece tan amable, te expone diez libros en pantalla de manera nada casual, en base a algoritmos que definen tus gustos. Es más, no pongo en duda que esa visualización posicionada responda a una compra de ese espacio. Lo mismo que en el mundo analógico. En las librerías de las grandes cadenas los escaparates estaban comprados.

El mundo digital no es tan democrático como se dice. De hecho, incluso puede ser más pernicioso, porque si esos algoritmos saben el contenido que he leído, si lo he subrayado, lo he compartido y demás, todo eso supuestamente se retroalimenta y se me va a recomendar más y más de lo mismo. Si quiero romper con esas recomendaciones, descubrir algo nuevo o tener una voz contraria, el sistema no me dejará y seguirá recomendando lo mismo; porque, si me ha gustado ese libro, supuestamente me tiene que gustar ese otro.

En cambio, yo quiero que me sorprendan o que me cuestionen, así que creo que internet no es tan democrático, de hecho, es incluso peligroso en este aspecto. Todo depende al final del criterio y del esfuerzo que tú hagas como individuo para ir más allá de lo que supuestamente te está recomendando en ese momento la tecnología.

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Desde el portal cultural Dosdoce, usted lleva una década elaborando estudios que animen a la industria cultural a comprender y asimilar las nuevas tecnologías. ¿Qué valoración hace de todo este trabajo?

Estoy muy satisfecho desde el punto de vista del esfuerzo. Me acuerdo de hace diez años, cuando lanzamos todo esto en marzo de 2004. Yo entonces vivía en Estados Unidos y llegué aquí muy entusiasmado, como cualquier emprendedor, pero los tres primeros años fueron una travesía en el desierto. Tocaba temas de los que todavía nadie hablaba. No es que yo fuera un visionario, simplemente venía de un mercado en el que esas cosas se empezaban a comentar. Quise transportarlo aquí y hacer un seguimiento. Pero ha habido por fin un cambio de actitud, una evolución, aunque haya sido por imperativo legal.

Muchos hubieran preferido que este cambio aconteciera dentro de dos siglos para poder continuar publicando en papel; pero, por suerte, otros lo han aceptado, se han tirado a la piscina y han empezado a hacer cosas muy interesantes. Mirando hacia atrás, puedo decir que los últimos diez años han sido como cien. Ahora en un año pueden cambiar las variables. Es imprescindible tener la mente abierta y ser humilde para reconocer que no lo sabes todo, que vas a cometer errores, que vas a fracasar, que hay puertas que se cierran y se abren.

Me encanta la era que me ha tocado vivir. Cuando en los 80 estaba en la universidad, pensaba ‘vaya rollo de época me ha tocado vivir’. No sucedía nada. Pero llegó internet, revolucionó todo y, afortunadamente, nos ha tocado vivir en el ojo del huracán del inicio de una nueva era. Y cuando estás en ojo del huracán no te enteras de nada. Los cambios son rápidos, radicales, ocurren cosas que nos sorprenden y nunca las habíamos pensado. Es fascinante desde un punto de vista personal y profesional. Hay mucha gente a la que esta situación provoca ansiedad, pero yo estoy encantado.

Por último, como director del Máster en Edición Digital de la Universidad de Alcalá de Henares ¿Ve a tus alumnos entusiasmarse ante las posibilidades de la edición del futuro?

Una de las cosas que más me gusta de ser docente es la cantidad de gente con talento que descubro, ver cómo reafirman esa idea que tienen en la cabeza a través de los masters en los que colaboro y la llevan a buen puerto. También conoces a personas que, como consecuencia de la crisis, han acabado en la calle, han invertido el poco dinero que les quedaba en reformarse y cursar un máster para obtener nuevas maneras de pensar e introducirse profesionalmente en un ámbito donde nunca hubieran pensado terminar.

Para mí, eso es lo más importante. Cada vez hay más gente que apuesta por ese futuro digital. Antes, las áreas digitales de las empresa eran un espacio maldito.  Ahora en cambio todo el mundo se pelea por estar allí, porque sabe que, sin ser un negocio, su futuro y su trayectoria profesional están garantizadas. Que por lo menos hay expectativas y posibilidades. En otras áreas, solo vas a ver descenso y descenso de ventas, cierre de canales, cierre de sellos… y eso no es solo efecto de la crisis. La sociedad está cambiando su forma de consumir contenidos del papel al digital. La crisis terminará, pero la época anterior no volverá.

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2 Comentarios

  1. Por —
    Begoña Duro
    Fecha —
    11 / 11 / 2014

    Gracias, Javier, porque transmites con entusiasmo una realidad que muchos aún se niegan a ver.
    Yo, aunque mayor, espero poder verlo y, sobre todo, adaptarme al cambio; cuando les digo a mis alumnos que son la generación que más lee, la mayoría de los profesores se quedan mirándome como una marciana recién llegada de otro planeta, y ellos, los niños, siguen colgados del sambenito de que la juventud no lee nada.
    Sigamos predicando en el desierto, como aquél viejo beduino al que le preguntaron por qué seguía plantado dátiles, si él no iba a ver las palmeras…

  2. Por —
    Imanol Epelde Pagola @27zapata
    Fecha —
    17 / 11 / 2014

    Interesante entrevista. Me apuntaría al Master si no tuviera mil cosas para hacer. Mientras no haga tiempo para estudiar, te seguiré la pista por aquí.
    Eskerrik asko!

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