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Kamikazes en Pandora

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El cine y el diseño juegan al gato y al ratón desde hace ya algunas décadas. Ensayos, discusiones y algunas alianzas en un conflicto etimológico. El Arte, esa gran palabra que todo lo desnuda, también apunta y dispara al binomio cine-diseño. El interés de algunos en separar diseño y cine parte de considerar que una película en sí misma no es diseño, más bien utilizar dispositivos bien diseñados posibilita una buena película, aunque no es condición sine qua non.

Es cierto que sin avances tecnológicos el cine no existiría tal y como lo conocemos hoy en día y eso es precisamente parte del problema. Es una realidad y define la actualidad. Que el digital se haya comido al analógico no cambia que se sigan produciendo buenas y malas películas igualmente. Vivir por unas horas en Pandora con “Avatar” o cruzar un agujero de gusano en “Interstellar” no mejora nuestras vidas, ni siquiera aporta nada nuevo al cine.

Pirotecnia, vacío, disfraces y mentiras, tráfico de películas impersonales que abanderan una era vacua e insustancial. El diseño de herramientas enriquece sistemas de producción, abarata costes, aligera el peso de una cámara y consigue hacer llegar a nuestras pupilas imágenes falsas, tan realistas como tramposas y autocomplacientes. A la vez, se siguen produciendo obras maestras y el cine sigue evolucionando implacable como arte sin fisuras. Ver la elocuente ”Adiós al lenguaje” de Godard.

No es casualidad que en el mundo del cine “diseñar” designe la creación de decorados o vestuario, incluso de diseño de producción, o diseño de sonido; pero, ¿qué pasa con la dirección y el guión? Existen razones para pensar que en los dos cimientos fundamentales de toda película se evite hablar de diseño.

Si el cine es la vida y nos habla de ella, si atrapa la realidad y la verdad que nos rodea, ¿cómo puede diseñarse de antemano? Si todo se tuviera que diseñar, plasmar en storyboards, maquetas, decorados, nos perderíamos algo realmente importante: la emoción que surge, la espontaneidad y la belleza del error. Porque la imperfección no se puede diseñar y es inherente al ser humano. La necesitamos para entendernos. Quizás, el problema sea el uso de la palabra, esa mancha de humo tóxica que no vemos acercarse y que nos deja a oscuras tan a menudo.

Es muy difícil conseguir un buen diseño, pero más aún rodar una obra maestra, aunque nadie la aguarde, ni la solicite. En cambio todo el mundo necesita buenos diseños, y los sigue esperando.

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2013
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