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La racionalidad es un mito

Por:

Cuando Sandra Compte y yo mismo, Xavier Mora, fundamos en 2002 el estudio de diseño “BAG Disseny“, poco teníamos de sensatos y racionales y mucho de emocionales, de pasión, de energía, de entrega. Hoy, 13 años después, seguimos igual de insensatos e irracionales. Seguimos apostando por castillos en el aire, por ideas descabelladas, inmersos en el desorden del orden, explorando senderos desconocidos que muchas veces se desvanecen en la nada; aunque otras veces surgen de la nada para generar conceptos, ideas y objetos insospechados.

Si bien es cierto que todo proyecto de diseño se rige por una definición previa de los objetivos -dígase briefing, a partir del cual se precipitan tres etapas ineludibles: analítica, creativa y de ejecución-; desde nuestro punto de vista, la etapa creativa no se delimita a la parte central del proceso, sino que debe estar presente de principio a fin. De la misma manera que los productos acabados pasan por controles de calidad antes de llegar al cliente final, los proyectos de diseño deben aplicar controles creativos en todo el proceso. Solo así conseguiremos resultados nuevos, diferentes y sorprendentes.

En realidad, el diseño tiene mucho que ver con las emociones, con la sensibilidad, con el discurso, con el entorno y sobre todo con la persona. Este es el objetivo último de todo ejercicio de diseño industrial, o como nos gusta llamarlo a nosotros, diseño de objetos. Cuando hablamos de productos, estos son resultado de una industria, de un proceso industrial donde los objetos son seriados a escala superlativa. No hay deseo de establecer un vínculo entre usuario y producto más allá del momento de compra y su repetición programada.

En cambio, en el diseño de objetos buscamos generar una relación entre las personas y los objetos. Una relación de largo recorrido, donde las personas presten atención a los pequeños detalles, tanto en su proceso de diseño como después, a lo largo de su vida útil. En ese periodo, y no solo en el momento de la compra, el objetivo es provocar emociones, incitar, sugerir, activar un sentimiento, una reflexión o una sonrisa. Lo hacemos a través de objetos que se hacen querer, porque emanan la ilusión con que han sido concebidos; piezas que poseen calidad de inspiración y que trasmiten, como todo lo creado con respeto y cariño, el brillo de la atención.

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“Voltasol”, un proyecto de Studio BAG Disseny premiado con un Reddot Design Award

Objetos que deben conjugar belleza y funcionalidad a partes iguales. Una cosa es bella cuando acomete con éxito la función para la que fue concebida. Es entonces cuando los objetos entran en diálogo con la persona, por que hablan de belleza, proporción, luminosidad, ritmo. Hablan de sensibilidad y experimentación, de cultura, de osadía, de humor o de magia. Hablan de ideas y de conceptos, de formas de pensar y de maneras de vivir. Pero sobre todo, hablan de quienes los poseen.

Entonces ¿podemos decir que compramos objetos de forma racional o que podemos diseñar objetos de forma racional? Por supuesto que sí, tenemos la capacidad de pensar, evaluar, entender y actuar de acuerdo a nuestros principios, pero en realidad somos el resultado de aquello que sentimos. La racionalidad no es la clave, solo nos permite argumentar aquello que sentimos, porque el impulso es anterior a la razón.

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2013
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