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La luz sensible

Por:

Los objetos de Jordi Canudas siempre desprenden luz. Es un diseñador brillante, pero no un iluminado, ya que la pureza de su proceso creativo se sustenta siempre en una mirada crítica hacia su entorno.

Durante su primera etapa profesional trabajó en la exposición y el diseño de interiores en Barcelona. En 2004 se trasladó a Londres y se graduó tres años más tarde en Diseño de Productos por el Royal College of Art.

Después de un paréntesis necesario, volvió a Barcelona, montó su propio estudio, donde creó y desarrolló LAMPP, la peculiar app que él mismo describe en esta entrevista.

Estudiaste en Londres antes de establecer tu estudio en Barcelona. ¿Qué diferencias encuentras en los procesos creativos entre un lugar y otro?

Me da la sensación de que, prácticamente, mis procesos creativos son muy similares en un lugar y otro. Lo que cambia es la energía de las dos ciudades. En Londres flota algo en el ambiente que tiene que ver con la competitividad, es una sensación muy bestia. Allí no eres un bicho raro si te pasas el día trabajando.

Además, hay una diferencia fundamental en el efecto que tiene tu trabajo. Haces algo allí y, de repente, llega a todo el mundo. En el terreno del diseño más experimental, tus creaciones se mueven porque existe un mercado consolidado. En cambio, si lo haces desde aquí, aunque parezca que estamos en un mundo global y que a través de internet todo llega, no es verdad: lo más probable es que no pase absolutamente nada. En Londres todo trasciende más. Los ojos de todo el mundo están allí metidos. Estudiar en el Real Collage es un trampolín increíble. Sales de allí con un impulso que te permite tirar unos años solo.

¿Tener tu propio estudio facilita el trabajo?

Tener tu propio estudio implica no tener jefe. Aún así, los proyectos personales representan un 20% de nuestro trabajo diario. El otro 20% lo dedicamos a la docencia y, el resto, son trabajos comerciales que no caben en nuestra web.

A la hora de idear un objeto nuevo ¿se parte de una función, una forma, un material…?

De una excusa. Una excusa cualquiera. De algo que me atrae en un momento determinado para hacer algo. Ese algo me lleva a otro algo y así sucesivamente. El punto de partida no tiene nada que ver con el resultado. En un proyecto personal, si de entrada ya sabes hacia donde vas, no hay investigación real. Mejor no tener un objetivo claro y generar algo a partir de una excusa que desencadene cosas interesantes y te lleven a un punto no previsto.

Con el proyecto LESS LAMP creamos una lámpara con forma de huevo, una pieza frágil, cerrada, con luz interior que solo podía salir al exterior rompiendo el yeso con un martillo. Poco a poco, la idea inicial de “hazte tu propia lámpara” pasó a segundo plano y fue tomando más y más relevancia la ruptura en sí misma, como acción dramática, como performance. En general, me atraen los objetos con memoria. Los muelles, los elásticos… Todo lo que se transforma.

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Proyecto LESS LAMP, por Jordi Canudas

Ya hay apps para cualquier cosa que podamos imaginar, pero muy pocas están asociadas a elementos auxiliares que transformen los dispositivos móviles en otra cosa. ¿Por qué convertirlos en lámparas y no diseñar una lámpara directamente?

Pues me encontraba en Gijón, trabajando en un proyecto de investigación sobre cómo las nuevas tecnologías están cambiando y cambiarán aún más los objetos en el futuro. Intentábamos esclarecer cómo van a evolucionar los sistemas de producción, distribución o comunicación. Nos juntamos diseñadores de objetos y profesionales muy metidos en toda la cuestión digital.

Salí de allí por patas, convencido de que jamás podré interiorizar todas las referencias y conocimientos como para adaptarme a este nuevo entorno. Mi manera de trabajar es muy física. Pensé: “¿Qué está pasando?” y de ahí surgió todo. El punto de partida del proyecto LAMPP fue pensar qué sucede si a un dispositivo móvil le quitas la virtualidad, qué le queda, qué puede hacer. La respuesta es emitir luz. Por un lado creamos el gadget y por otro la App.

¿Crees que la clave del proyecto LAMPP reside precisamente en esa transformación, en darle la vuelta al molesto resplandor de los móviles cuando intentamos dormir para aprovecharlo en una iluminación ambiental?

Sí, esa es la clave, pero por desgracia LAMPP aún no ha llegado a las casas. Cuando un proyecto como este no está en las casas, ni en las tiendas, ni llega al público, no es real. Es un proyecto inacabado. A nivel personal, me haría mucha ilusión que LAMPP llegara a la gente. Necesito terminar el proyecto y en ello estamos, buscando una empresa que lo quiera producir, aunque sea una startup que apueste por él…

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Proyecto LAMPP, por Jordi Canudas

¿Saber vender ideas es tan importante como tenerlas?

Opino que las ideas no valen nada. Tienen que llegar al mercado y hay que saber sacarles rentabilidad. Como decía antes, LAMPP continúa siendo solo una idea -muy bien comunicada, eso sí, pero solo una idea, al fin y al cabo- y el concepto por sí solo no vale si no está en funcionamiento. Los media, especialmente las revistas, se interesan por la foto. Más que un buen producto, quieren una buena foto. La parte estética en la presentación adquiere más importancia que la reflexión que pueda haber detrás del producto u objeto.

¿Colaborar con desarrolladores de Apps es muy diferente a trabajar con otro tipo de ayudantes, como sopladores de vidrio o carpinteros?

En el momento de diseñar la App, me costó mucho comprender el lenguaje. Mi mente está estructurada de otra forma, con un discurso más lineal. Yo intentaba crear el prototipo a partir de imágenes sucesivas pero, en realidad, se trataba de definir la navegación a través de links y capas. Todo resultaba mucho más complicado.

Por suerte me ayudó mucho mi compañero Víctor Viña, que es diseñador de interacción. Con el equipo de programación fue todo más sencillo. Por otro lado, también estoy recibiendo un gran apoyo para las tareas de comunicación, marketing y business plan. El emprendimiento tecnológico no es nada fácil y no creo que vuelva a meterme en algo así. ¡A mí lo que me gusta es estar en el taller!

En tu trabajo compaginas la creación con la docencia. ¿Qué encuentras más gratificante en ambas actividades?

La docencia me satisface, como el contacto con los alumnos, pero toda la parte académica me tiene agotado. También doy clases en Inglaterra, donde el sistema educativo es más libre que en España. Es muy diferente. Los estudiantes no van de aula en aula, sino que aprenden en el estudio. El tutor observa y da feedback a sus alumnos, que tienen al alcance todo lo que necesitan para producir sus proyectos personales.

Me siento más cómodo allí como docente. Es parecido a la religión. Aquí el catolicismo dicta cómo tienes que actuar, en cambio, el protestantismo te invita a comprender las cosas y a tomar tus propias decisiones. En los centros de nuestro país, cuando das un briefing muy abierto a los estudiantes y preguntas qué les apetece hacer, no saben ni por donde empezar. Si no tienes ni idea de lo que te gusta ni te defines como persona, ¿qué puedes aportar como diseñador? ¿Ser uno más? A veces te encuentras algunas sorpresas agradables, pero con cuentagotas. Hay dos o tres que piensan de otra manera y actúan en consecuencia. El resto va a remolque.

Barcelona apuesta activamente por potenciar su imagen como capital del diseño. ¿Es real la importancia del sector o está sobredimensionado por el marketing institucional?

Yo dejé Barcelona en el 2004, el año del Fórum y también el Año del Diseño. Recuerdo que antes de ese eso se organizaba en la ciudad la Primavera del Diseño, con contenidos increíbles y grandes referentes. Desde entonces todo fue a peor. Es curioso, porque fui a Londres pensando que Barcelona me protegería, en el sentido de que mi origen estaba en una de las ciudades con más relevancia mundial a nivel creativo, pero ya en Inglaterra me di cuenta que Barcelona hace promoción de puertas adentro. Es puro marketing interno, endogámico.

Londres me sorprendió porque en el British Council me llevaban de exposiciones por el mundo y me becaban proyectos. Allí coincidíamos personas de todas las nacionalidades. Éramos adoptados y promocionados, porque nos consideraban parte de la ciudad y de su talento creativo. En cambio, aquí hay mucho que aprender y hacer. Con solo un 5% de lo que ha costado en Barcelona el edificio del DHUB se habría podido hacer algo real por el diseño en la ciudad. Con pequeñas ayudas sería más fácil dedicarse a la experimentación y proyectarse fuera.

En Eindhoven, Holanda, cerró la fábrica de Philips cuando trasladaron a producción a China. Toda la ciudad vivía de esa fábrica. Quedaron un montón de naves abandonadas. El gobierno holandés montó allí una escuela de diseño, trajo a los mejores docentes del mundo y, al cabo de 5 años, Eindhoven se ha convertido en un hub real del diseño. Dan espacios gratis a los jóvenes, que se gestionan ellos mismos. Los compañeros hablamos siempre del tema y decimos que ojalá un día encontremos un sitio donde estar todos. Pienso que aún hay posibilidades de que todo cambie en Barcelona, pero se debería gestionar desde otro punto de vista.

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