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“La actividad artística capacita, vigoriza y permite experimentar la libertad”

Por:

Pax Dettoni Serrano es autora teatral, directora, escritora y formadora. Licenciada en Ciencias Políticas y de la Administración Pública, en Antropología Social y Cultural, en Ciencias Empresariales, Máster en Desarrollo Rural Sostenible y Máster en Estudios Teatrales. Durante más de 10 años se dedicó a la cooperación internacional para el desarrollo humano y social. Vivió en Asia y América Latina. Desde 2010, centra su trabajo en el teatro, desarrollando su propia visión bajo el nombre de Teatro de Conciencia.

Pasaste de la cooperación internacional a dedicarte profesionalmente al teatro, como autora y directora. ¿Fue un cambio repentino, fruto de un impulso irracional, o te costó tiempo decidirte?

Los cambios suelen tener un periodo de gestación, en algunos casos es consciente y en otros, inconsciente. Para mí, fue una mezcla de ambos. Un impulso irracional me dio la fuerza para tomar la decisión de dejar el trabajo que hacía, convencida de que había otro modo de recorrer el sendero, aunque en esos momentos no sabía cuál. La certeza de que mi camino era ayudar a otras personas seguía presente, pero que esa ayuda no debía pasar sólo por lo material.

También me di cuenta que conquistar ese tan anhelado sueño de juventud de cambiar el mundo sólo podía empezar con un sincero compromiso conmigo misma de autoconocimiento y de cambio personal. Así que el primer impulso me fue útil para parar la inercia del crecimiento profesional en la cooperación internacional y regresar a “casa”. Después necesité un tiempo de silencio y de pausa para encontrar el modo en que quería recorrer este tránsito por la vida y entonces fue cuando pude permitirme conscientemente hacer lo que siempre había querido hacer: teatro.

Pero decidí hacer un teatro que estuviese al servicio del desarrollo humano. Así me atreví en el 2010 con unos primeros talleres en mi Valle y, poco a poco, sumando la pasión de muchas otras personas como el primer grupo de Persones d’Aran entà Toti, el Teatro de Conciencia ha ido tomando forma al servicio de la educación emocional, la inteligencia del corazón, la prevención de la violencia y de la construcción de la paz. Un teatro que, paradójicamente, me ha llevado de nuevo al sector de lo social y a la cooperación internacional. He regresado al camino que nunca sentí que abandonaba; sin embargo, ahora lo hago con un medio de transporte con el que me siento más cómoda.

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Susy Figueroa de Dubois actuando en “Per Donare” de Pax Dettoni

¿Para qué sirve el teatro? ¿Conserva aún la esencia de sus orígenes?

El teatro sirve para jugar, por eso todo el mundo puede hacer teatro, porque todo el mundo sabe jugar. Nuestras sociedades serían muy diferentes si no dejásemos el juego sólo para los más pequeños. El teatro sirve para ponerse en la piel de otro, para descubrir lo que habita en ti (que tantas veces el corsé de la cotidianidad te impide descubrir) para aprender, para transformarte y después, transformar tu entorno.

Pero el teatro también sirve para contar historias, para contar tránsitos, para compartir visiones del ser humano y de su mundo. El teatro tiene una función social, más allá que entretener y divertir, que también. En sus orígenes, toma una función ritual que permite conectar el mundo de la materia con el mundo de los espíritus y es que en el teatro se da vida a lo que en apariencia no existe. El teatro permite crear, materializar personajes, ideas, relaciones, situaciones… en el teatro todo vale. Allí se experimenta la total libertad porque es, ante todo, un juego, que actores y espectadores toman como una realidad.

Ese es el pacto más mágico que nos ofrece. Un pacto implícito en cuanto se abre un telón que une a todos los que comparten ese espacio-tiempo de sueño, de juego, de cuento. Para mí, el teatro sirve sobre todo para hacer visible lo invisible, activando en ese proceso la conciencia y con ella la voluntad de cambio, cuando sea necesaria para mejorar como individuos y como sociedad.

Como sociedad ¿crees que hemos perdido la capacidad de empatizar con los demás?

Por supuesto que no. Esa capacidad está latente en cada uno de nosotros, por el simple hecho de ser humanos; sin embargo, debe cultivarse para que crezca, para que se multiplique. Podemos imaginar la empatía como una semilla en nuestros corazones, que como cualquier semilla necesita ser cuidada y regada para que dé frutos. Quizás podemos afirmar que nuestra sociedad ha preferido regar otras semillas antes que la de la empatía, porque es fácil observar cómo el egoísmo ha crecido más que la empatía.

Aunque no me dedico a la agricultura, sé que las malas hierbas pueden arrancarse para dejar espacio a que crezcan aquellas que nos darán lo que necesitamos para alimentarnos y que, si con cariño las cuidamos y regamos, tendremos preciosos huertos generosos en su cosecha, suficiente para nosotros y para los demás. Para lograrlo, creo que es necesaria y urgente una educación para niños y jóvenes llena de estímulos, para que desde la libertad escojan regar esa semilla y no otras.

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Susy Figueroa de Dubois y Beatriz Hamilton actuando en “Per Donare” de Pax Dettoni

Muchos pensarán que es una posición ingenua pensar que los problemas del mundo puedan resolverse aprendiendo a gestionar nuestras emociones…

Lo más interesante de convivir con más de 6.000 millones de personas en el mismo espacio-tiempo es que cada uno puede pensar lo que quiera y, si así lo decide, puede cambiar su pensar cuando lo considere. Según mi pensar, basado en los conocimientos y experiencias adquiridos hasta el día de hoy, puedo afirmar que la educación emocional para desarrollar la inteligencia del corazón sin duda sería de ayuda para construir la paz en nuestras sociedades.

Si nos fijamos, detrás de la mayoría de los problemas que encontramos en el mundo hay acciones realizadas por el ser humano que, a su vez, esconden otras decisiones realizadas en el foro interno de cada uno de ellos. Por tanto, podríamos decir que lo que hay dentro de los seres humanos se refleja fuera a través de sus acciones. Así que los hechos son también espejo de lo que vive dentro.

Y ¿qué vive dentro del ser humano? ¡Un universo! En ese universo tienen un peso importante los sentires y pensares que, con la educación emocional, logran reconocerse para ser gestionados y transformados en aras de orientar nuestras acciones hacia el bienestar y la armonía. Viéndolo así, ¿no crees que la paz sea ante todo una conquista interior que modificaría las decisiones y acciones que nos llevan a comportamientos egoístas que, sumados a los de otros, se convierten en problemas para el mundo?

Junto con un grupo de personas comprometidas de la Val d’Aran representasteis las primeras obras de Teatro de Conciencia; de hecho, este año se ha cumplido el quinto aniversario de tu primera obra “¿Quién soy yo?” ¿En qué se diferencian estas obras respecto al teatro convencional, al que acudimos como meros espectadores, sin una intención terapéutica?

Me gusta insistir en que el Teatro de Conciencia no es más terapéutico de lo que puede ser un paseo a caballo. A mi parecer, todo puede ser terapéutico si una persona así lo decide. El Teatro de Conciencia pretende mostrar aquello que ocurre que en foro interior de las personas. Si eso se convierte en una terapia para el espectador no depende de la obra sino del espectador; por tanto, el Teatro de Conciencia no está concebido para ser una terapia.

Lo más peculiar e innovador del Teatro de Conciencia es que muestra en el escenario la relación entre un personaje consigo mismo; es decir, con sus emociones, sentimientos, pensamientos, prejuicios, etc. Generalmente, en el teatro convencional, somos espectadores de relaciones interpersonales (situaciones que se dan entre diversos personajes); sin embargo, en el Teatro de Conciencia, somos espectadores de las relaciones intrapersonales (que ocurren dentro de un personaje). Para hacerlo, se deben personificar los elementos del universo interior de los seres humanos. Después del estreno de las dos primeras obras “Qui sò Jo?” y “Qui Mane Ací?”, me llamó mucho la atención descubrir que los autos sacramentales de Calderón de la Barca ya hacían algo similar.

Otro hecho peculiar del Teatro de Conciencia es que el espectador es testigo de la transformación personal del protagonista. Es decir, las obras muestran un camino de gestión interior para manejar las situaciones que se pueden dar en nuestras vidas. Se trata siempre de un camino interior que apuesta por la paz, por el amor y por la bondad. El espectador testimonia la situación primera del personaje y lo acompaña en su proceso interior hasta que logra solucionar interiormente ese conflicto de una forma que es beneficiosa para sí mismo y para el entorno. Por ello, se trata de un teatro que confía en el ser humano, en su inteligencia del corazón y se muestra esperanzador con el futuro de la humanidad; porque, en última instancia, todo depende principalmente de nuestras actitudes interiores hacia aquello que ocurre en el exterior.

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Susy Figueroa de Dobuis y Sayra Pérez actuando en “Per Donare” de Pax Dettoni

¿Cómo se trabaja un texto teatral desde la perspectiva de la conciencia?

Planteo el texto teatral desde la perspectiva de lo que sucede en el interior de una persona que después se manifiesta en el exterior. Escribo textos que permiten al espectador comprender la relación directa que existe entre la motivación interior y las acciones que llevamos a cabo en el mundo. Son obras que pretenden mostrar cómo podemos ser dueños de nuestra vida si aprendemos a gestionar nuestras emociones y pensamientos. Para ello, trato como un personaje todo aquello que habita en nuestro interior (las emociones, los pensamientos, los prejuicios, etc.).

Por ejemplo, en la primera obra ”Qui sò Jo?”, Rosa, la protagonista, se relaciona con su marido Andrés a través de sus emociones: la rabia, la tristeza, el miedo, la sorpresa y el amor son personajes interpretados por diferentes actrices. En una primera instancia son las emociones las que se relacionan con él, ya que ella no tiene ninguna propiedad sobre sí misma –algo muy común entre la mayoría de las personas-; sin embargo, la crisis interior llega a un punto insostenible que obliga a Rosa a despertar y a aventurarse a entrar dentro suyo para descubrir a sus emociones, aceptarlas, hablar con ellas y gestionarlas. Es decir, adueñarse de sí misma y ser ella y no sus emociones la que tome las decisiones en la relación con su marido, que acaba de dejarla por otra mujer.

Los espectadores presencian esta transformación, la superación personal de Rosa. El texto de Teatro de Conciencia siempre incluye la evolución el personaje a tiempo real, de forma que invita al público a acompañarla. En “Per Donare”, la última obra de Teatro de Conciencia, estrenada en Guatemala el año pasado, la protagonista vive una relación de odio hacia su madre. El público la acompañaba en el viaje hacia el descubrimiento de su odio, su aceptación y su transformación en perdón. El espectador podía comprender qué sucede dentro de una persona cuándo perdona, cómo lo hace. Por tanto, una obra de Teatro de Conciencia llevará al espectador al desenlace del conflicto interior, usando la inteligencia del corazón, poniendo la educación emocional al servicio de la bondad, la belleza y la verdad.

En todas las obras hay un clímax donde el protagonista conecta con su conciencia (también escenificada) y allí encuentra el camino a seguir. Es un teatro que invita a intérpretes y espectadores no sólo a tomar consciencia de los procesos interiores del ser humano, sino también a contar con su conciencia, por ello lo llamé Teatro de Conciencia.

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Montse Alós, Aida Castro, Sara Estepa, Judith Jiménez y Lola López actuando en “Qui sò jo” de Pax Dettoni

¿Cuáles son los perfiles personales más indicados para practicar Teatro de Conciencia?­

Ante todo, son personas con ganas de aventurarse en una experiencia de juego y de autoconocimiento para llegar después a escena dominando las técnicas interpretativas. Quienes han participado en los talleres, aunque no esperaban subir al escenario, mostraban también las mismas motivaciones. Son todas ellas personas muy diferentes. No creería justo definir un perfil personal como indicado para participar, pues el requisito es la voluntad de querer hacerlo.

¿Se puede trabajar la inteligencia emocional desde otras perspectivas artísticas? ¿Cuáles crees que, además del teatro, son las más indicadas?

Creo profundamente en la formación artística como elemento clave en la educación en general. Me gusta imaginar un mundo de artistas, un planeta habitado por personas que se dan el  gusto de crear, de plasmar lo que creen, lo que sienten, lo que anhelan, lo que valoran, lo que son, o lo que no son. El arte permite también mostrar lo bello, lo armónico, lo estético.

Con la actividad artística ponemos en funcionamiento el hemisferio derecho del cerebro, el encargado también de nuestro mundo emocional. La educación artística, sea en música, pintura, escultura, danza, teatro o cualquier otra, permite fortalecer al ser humano y educarlo en unas leyes sutiles que lo encauzan naturalmente hacia valores de sensibilidad y respeto. Por tanto, podríamos decir que el desarrollo de la inteligencia emocional se da de una forma casi natural al educarse desde niños en una disciplina artística. También servirá como un magnífico canalizador de las emociones y como estrategia de gestión emocional. La actividad artística capacita, vigoriza y permite experimentar la libertad. Es profundamente pedagógica. Creo que debería tener un espacio reconocido en el currículo escolar y en nuestra sociedad.

Te hemos visto como colaboradora de revistas, ponente en charlas y talleres tan importantes como TED, autora y directora teatral. Eres una persona inquieta, siempre dispuesta a vencer miedos y a asumir nuevos retos. ¿Nos puedes avanzar algunos de tus proyectos a corto y medio plazo?

Ortega y Gasset decía “yo y mis circunstancias”. Me gusta soñar con proyectos. Sé que algunos podrán ser realizados y otros no. Por ello, cada vez más me centro en el presente, en lo que en estos momentos tengo delante y pruebo a desarrollar la escucha. Podemos correr el riesgo de que nuestros sueños y proyectos futuros nos cieguen ante nuestro destino presente. Para mí es un entrenamiento encontrar el equilibrio que, con tanta sabiduría, proponía el filósofo. Sin embargo, creo que las líneas básicas de mi trabajo que se levantan sobre el teatro, la educación emocional, la inteligencia del corazón y la construcción de la paz son sólidas y que los proyectos venideros son para poder desarrollarlas más y mejor.

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