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Entrevista Marc Crehuet Ye teatro bumaye el rey tuerto
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“La clave es no intentar hacer reír, sino que el humor surja de manera espontánea”

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Marc Crehuet es, ante todo, un creador de historias. Su capacidad de conexión con el público está fuera de duda. No hay soporte que se le resista: teatro, televisión, Internet y, muy pronto, cine. Su última creación, “El rei Borni”, nació como obra teatral en una sala alternativa de Barcelona y, debido a su éxito, saltó a una sala más grande del centro de la ciudad, recorrió escenarios de España con “El rey tuerto” y en breve estrenará la versión cinematográfica. Siempre acompañado de su equipo de actores -Miki Esparbé, Alain Hernández, Betsy Túrnez, Ruth Llopis y Xesc Cabot- que aportan tanto como él en sus proyectos.

Su salto a la gran pantalla llega después del estreno en 2007 de su primera obra teatral, “Connexions”, y su trabajo como guionista y director televisivo en series como Greenpower (Barcelona TV / La Xarxa) y Pop Ràpid (TV3 / 33).

La andadura de “El rey tuerto” empezó como obra teatral representada en la Sala Flyhard de Barcelona, con capacidad para 40 espectadores y máxima proximidad entre actores y público. Han pasado ya varios años. ¿Qué recuerdo guardas de esas primeras representaciones?

En los ensayos nos reíamos mucho, pero no teníamos claro si el público iba a reaccionar de la misma manera ante el humor negro, sobre todo después de que saltara a la palestra mediática el caso de Esther Quintana. La noticia nos sorprendió cuando quedaban pocas semanas para el estreno y la verdad es que nos dejó un poco tocados. A pesar de todo, decidimos seguir adelante con el tono de comedia marcado desde el inicio, porque teníamos claro que no estábamos frivolizando sobre el tema.

Lo que más nos chocó de las primeras representaciones es que el público nunca reaccionaba de la misma manera. Había noches en las que la gente se desternillaba de risa durante toda la función y otras en las que el público se mantenía bastante serio hasta el final. De estas últimas funciones salíamos ansiosos y muy preocupados, sin entender nada, pero enseguida vimos que en realidad los espectadores serios estaban igual de entusiasmados con la obra. Nos dimos cuenta de que “El rey tuerto” podía ser recibida de maneras muy distintas: unos conectaban más con los aspectos cómicos y otros con la dimensión dramática de la historia.

También era muy curioso observar cómo influía el tamaño de la sala en la reacción del público. El hecho de que fuese un espacio tan pequeño, en el que los espectadores se podían ver entre sí durante la función, provocaba que algunos reprimiesen carcajadas en determinados gags de humor negro. Se reían con la boca pequeña…

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“El Rey Tuerto” versión teatral. Foto de Pablo Lammers

¿Cuándo empezaste a darte cuenta de que “El rey tuerto” iría mucho más allá de la sala de pequeño formato y de la ciudad de Barcelona? ¿En qué momento se produjo ese clic?

Se corrió rápidamente la voz y la sala se llenaba cada noche. Empezaron a llegar profesionales del sector artístico y cultural, admirados por todos nosotros, que nos felicitaban calurosamente. Las críticas que iban apareciendo eran todas increíbles, así que nos lo empezamos a creer… Recibimos ofertas de otros teatros y nos quedamos con la mejor, que fue la de El Terrat, para representar la obra en la sala Barts. Después vinieron el Teatro Lara de Madrid, la Sala Mirador, que en aquel entonces llevaba Juan Diego Botto y la gira por España.

¿Eres capaz de describir el motivo de tu propio éxito o es algo que uno nunca llega a saber?

El éxito de “El rey tuerto” es totalmente colectivo. Tuve la suerte de contar con unos actores que creyeron en la obra desde el principio y se entregaron en cuerpo y alma. Escribí el texto hace tres años con total libertad y la verdad es que ahora no sé exactamente cómo llegué a construirlo. Lo que sí sé es que partí de un tema que me preocupaba y sobre el cual se me generaban muchos interrogantes. Supongo que el hecho de partir de una preocupación personal ayuda a que algo pueda interesar.

Hablar de la policía, de los antisistema y, en general, del conflicto por el uso de pelotas de goma como método de ataque o defensa es claramente meterse en un jardín. ¿La comedia es el único género que permite hablar de estos temas sin hacerse daño?

Lo primero que me preguntaban los periodistas era por qué elegí la comedia para tratar un tema como el de las pelotas de goma… Les sorprendía y, de entrada, tendían a pensar que el género nos haría caer fácilmente en la frivolización el tema.

Así que creo que, en realidad, pasa al revés de lo que planteas en la pregunta: la comedia es un riesgo para tratar algunos temas, porque hay un prejuicio muy arraigado que la asocia con lo ligero, con una visión de la vida carente de profundidad. Sin embargo, pienso que es todo lo contrario: la comedia es un género muy útil para la reflexión. La clave, para mí, es no intentar hacer reír, sino que el humor surja de manera espontánea.

Al principio, ni siquiera me planteé hacer reír. Sólo quería poner de manifiesto una serie de contradicciones sociales que me preocupaban y estas me llevaron al humor. La primera versión del texto era muy discursiva, en algunos momentos casi panfletaria. En la reescritura me dediqué a romper los discursos, a reírme de ellos, potenciando los contrastes entre las distintas visiones del mundo de los personajes. Esto inevitablemente genera dudas a los espectadores, provoca la reflexión y, al mismo tiempo, les hace reír.

Admiro muchísimo a los buenos cómicos de stand up porque se dedican precisamente a eso. Louie CK o Ricky Gervais no buscan el gag per se, sino remover conciencias a través del humor. Crean discursos que traspasan los límites de lo socialmente aceptado, para poner en evidencia las contradicciones de nuestro pensamiento. Aquí tenemos también muchos cómicos brillantes que hacen lo mismo desde distintas formas de expresión: Raúl Navarro, Miguel Esteban, Ignatius Farray, los Venga Monjas, Miguel Noguera, Carlo Padial…

Entrevista Marc Crehuet El rey tuerto Ye Bumaye Teatro

“El Rey Tuerto” versión cinematográfica. Foto de Quim Vives

¿Crees que al teatro las cosas le irían mejor si las obras representadas se aproximaran a problemas más específicos, más actuales y polémicos?

No creo que el problema de escasez de público en las salas venga por los temas tratados en las obras, sino más bien por el precio de las entradas (el famoso 21% del IVA no ha ayudado nada) y por una cierta cerrazón en la manera de entender el teatro, tanto por parte de los exhibidores como del público.

Si dejamos a un lado las salas con una clara vocación comercial y nos centramos en el teatro con un compromiso artístico que pesa tanto o más que la recaudación, echo de menos en este último un poco más de apertura y atrevimiento en la programación. Y por atrevimiento no me refiero a temas polémicos, sino a abrirse a nuevos creadores y también a otros lenguajes, a otras maneras de entender el arte de la representación.

Está muy bien seguir programando textos de Becket pero, actualmente, el absurdo se encuentra también en los monólogos de Miguel Noguera o en los videos de los Venga Monjas en internet, que atraen a un tipo de público que, en cambio, considera que el teatro no es lo suyo, por ser aburrido, anticuado o demasiado snob.

Creo que se deberían romper estas barreras. Pienso que los espacios oficiales deberían abrirse con más facilidad a los nuevos autores, intérpretes y creadores en general… estar más atentos a lo que pasa fuera de unos límites autoimpuestos que pueden empequeñecer el teatro.

Entrevista Marc Crehuet Ye teatro bumaye el rey tuerto 3

“El Rey Tuerto” versión cinematográfica. Foto de Quim Vives

¿Vas al teatro a menudo o te cuesta encontrar buenos contenidos en cartelera?

Sinceramente, voy mucho menos de lo que me gustaría, en gran parte por falta de tiempo. Creo que hay propuestas de gran calidad pero, como decía antes, echo de menos un poco más de riesgo en la programación que quizá podría acercar el teatro a nuevos públicos.

“El rey tuerto” plantea un debate, pero nunca llega a posicionarse ni a hacer doctrina. ¿Te ha sorprendido la variedad del público que ha visto la obra? ¿Alguna anécdota en este sentido?

Pues sí, fue una gran sorpresa ver que la obra gustó a públicos tan diferentes. Vinieron desde representantes del sistema (policías y hasta algún político) hasta víctimas de las pelotas de goma y la reacción positiva.

De todas maneras, yo creo que sí hay un posicionamiento en el texto. Desde el momento en el que tratas un tema como este, de alguna forma estás haciendo denuncia, sobre todo teniendo en cuenta las circunstancias sociales que rodearon al estreno la obra, en plena lucha de Esther Quintana para que el Govern reconociese que se habían disparado proyectiles donde ella estaba.

Pero sí, es verdad que intenté ir más allá del caso en concreto de las pelotas de goma; porque, escribiendo, se abrieron nuevos interrogantes que me llevaron a otros temas, a debates en los que es más difícil posicionarse, a preguntas para las que no hay una respuesta clara…

Como anécdota, la más llamativa quizá sea la del momento en el que nos invitaron a Miki y a mí a hablar sobre la obra a un programa de televisión en directo y, en el camerino, justo antes de salir al plató, nos presentaron al otro invitado: un joven que había perdido el ojo con una pelota de goma en una manifestación. Acabábamos de estrenar y todavía no sabíamos cómo podía reaccionar alguien afectado directamente por la represión policial de la misma manera que el protagonista de la obra.

Para nuestra sorpresa, nos dijo que había visto la función la noche anterior y que no sólo se había reído mucho, sino que, además, se había sentido muy identificado con el personaje interpretado por Miki, a quien felicitó por la actuación. Respiramos aliviados y nos llamaron para salir al plató. Eso sí, quizá no conseguimos generar el morbo que se buscaba en el programa.

¿En qué momento decides dar el paso a la gran pantalla con “El rey tuerto”?

La idea me la dio el guionista y director Joaquim Oristrell, que quiso conocerme después de ver la obra. Le estoy muy agradecido, porque me lo planteó de una manera totalmente desinteresada y me animó a llevarlo a cabo. No me puse a ello inmediatamente, porque estaba tratando de escribir otro guión de largometraje. No conseguía avanzar, tenía varias historias empezadas y pensé que la adaptación del texto de “El rey tuerto” me sería mucho más fácil y me quitaría la presión de afrontar el primer largometraje.

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“El Rey Tuerto” versión cinematográfica. Foto de Quim Vives

Mismos personajes, mismos actores, diálogos muy parecidos… ¿Qué es lo que más ha cambiado en este salto del teatro al cine?

Al principio escribí una versión mucho más abierta, creando nuevos personajes, situaciones y ampliando el número de localizaciones, pero me di cuenta de que, sin querer, estaba cambiando la esencia de la historia.

Revisando el texto vi que, en realidad, funcionaba sin demasiados cambios y que podía hacer una película centrada en la interpretación y el texto. Hay muchas películas que se basan principalmente en estos valores, desde “La Huella” de Mankiewicz a “Un Dios Salvaje” de Polansky. Y no sólo adaptaciones de textos teatrales: muchos de los directores que me gustan no suelen recurrir a grandes despliegues de medios para contar sus historias.

Para mí, esta opción narrativa no implica que una película sea, como se suele decir a veces, “teatral”. De hecho, desde el momento en que escoges una determinada posición de cámara, estás haciendo cine; ya que, entre otras cosas, en el teatro el punto de vista lo elige el espectador. Esa sería sólo una primera gran diferencia, pero después están, evidentemente, todos los recursos expresivos de la narrativa cinematográfica: la fotografía, la música, los movimientos de cámara, el diseño de sonido…

En este sentido, para mí fue clave contar con maestros como Xavi Giménez en la dirección de fotografía y Sylvia Steinbrecht, en la dirección de arte. No sólo me ayudaron desde el inicio a definir el tono visual de la película, sino que durante el proceso me estimulaban constantemente a buscar ideas creativas que enriqueciesen la puesta en escena. El trabajo de los dos es maravilloso. No era nada fácil, teniendo en cuenta que prácticamente no salimos del piso del protagonista en toda la película y que, además, es un espacio al que quisimos dotar de un cierto componente simbólico.

La fotografía de Xavi es densa, oscura, a momentos expresionista, está llena de matices y Sylvia ha diseñado unos decorados maravillosos que, partiendo del realismo, tienen un fantástico componente de misterio e irrealidad, que era lo que buscábamos… aunque el resultado es mucho mejor de lo que podía imaginar.

Tuve la gran suerte de contar con ellos (que además, son también productores de la película) y con todo un equipo de grandes profesionales del cine, acostumbrados a trabajar en grandes producciones, que se entregaron completamente a la historia y dieron lo mejor de sí mismos: desde las directoras de producción (Anna Vilella e Irene Puig Sedó), hasta el el jefe de eléctricos (Martí Maluquer), pasando por el reconocidísimo atrecista Héctor Gil, la brillante caracterizadora Helena Fenoy y un fantástico equipo de dirección formado por el ayudante Carles Curt, la script Moully Moulist o la auxiliar Maria Beltrán.

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“El Rey Tuerto” versión cinematográfica. Foto de Quim Vives

Fiel a su origen teatral, “El rey tuerto” acontece en un único escenario. ¿Cómo se resuelve este, a priori, obstáculo, en su versión cinematográfica?

Como decía, es una opción narrativa, estética y también simbólica. En un momento dado, se me ocurrió que el piso del protagonista fuese también la representación de su propia mente y, como esta, se fuese descomponiendo a medida que entra en una crisis de valores. Poco a poco se van derrumbando sus seguridades.

Esta idea nos permitió superar el obstáculo de la repetición de un mismo espacio en las distintas secuencias, ya que evoluciona a medida que avanza la trama, se deteriora. Por otro lado, no salir prácticamente del mismo lugar ayuda a transmitir una cierta sensación de claustrofobia que buscaba. Además, en la película hay toda una serie de efectos de montaje y postproducción que evidentemente no estaban en la obra y que añaden una nueva dimensión a la historia.

¿Cómo han vivido los actores ese cambio de género? ¿Los has ayudado tú más a ellos o ellos más a ti?

Ellos a mí. Sobre todo porque tuvieron que interpretar el texto en castellano y en catalán alternativamente… Me explico: rodamos dos versiones de “El rey tuerto”, una en su lengua original, el catalán (El rei borni), y otra en castellano. Llevábamos dos años de gira por España y la obra se había representado en una u otra lengua en función del lugar donde fuese el bolo. Así que pensamos aprovechar las dos versiones originales. Así además podríamos prescindir del doblaje, del que personalmente no soy muy partidario.

Fue posible gracias a que los actores tenían fresco el texto y, sobre todo, gracias a su entrega, generosidad y talento. No teníamos un gran presupuesto, así que tuvimos que concentrar el rodaje en dieciséis días. Por tanto, se puede decir que rodamos dos películas en un tiempo récord, cada una de ellas en ocho días…

Cada vez que dábamos por bueno un plano, había que rodarlo de nuevo en la otra lengua. Esto era evidentemente una locura para los actores. Fue bastante duro. Aparte de esta demostración de resistencia profesional, tengo que decir que, a pesar de conocerles bastante bien (a nivel personal y como artistas) en el rodaje me seguían sorprendiendo con su talento, energía y creatividad.

Definitivamente, pues, me han ayudado mas ellos a mí; porque, además, son también productores de la película… Así que desde aquí quiero darles las gracias una vez más. Sin Alain Hernández, Miki Esparbé, Betsy Túrnez, Ruth Llopis y Xesc Cabot “El rey tuerto”, tanto en su versión teatral como cinematográfica, nunca hubiese existido.

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“El Rey Tuerto” versión cinematográfica. Foto de Quim Vives

Lógicamente, con el paso a cine el equipo de producción ha tenido que ampliarse, con la incorporación de perfiles especializados. ¿Delegar es perder el control? ¿Es más frío el proceso de creación en el entorno cinematográfico?

En este caso no lo fue, porque el equipo estaba formado por gente muy entusiasta y además, una parte importante eran personas con las que llevo años trabajando. Gente del equipo de “Pop ràpid”, a los que admiro muchísimo profesionalmente y con los que tengo una relación de amistad: la fantástica diseñadora de vestuario Violeta Comella y su ayudante Mar Muñoz, el gran Nicolás Celery, jefe de sonido, la talentosa maquilladora Cristina Pellise o mi buen amigo y genial montador Jaime Ávila.

No tuve la sensación de pérdida de control creativo, porque todo el mundo entendió perfectamente lo que estábamos haciendo y todos se dedicaron a sumar, a aportar buenas ideas que hicieron crecer la película.

¿En qué punto se encuentra el film? ¿Para cuando se espera el estreno?

Estamos acabando la postproducción y después mandaremos la película a festivales. No tenemos todavía fecha de estreno porque aún no hemos empezado a buscar distribuidor, que es el siguiente paso. Pero calculamos que será más o menos en la primavera del 2016.

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